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domingo, 20 de mayo de 2012

Significa lo mismo


Se acercó a él y lo miro.

-Hablo en serio.

-¿Qué quieres decir?-dijo él un poco confundido.

-Sabes lo que quiero decir, me gustas y no puedes hacer nada para cambiarlo.

Se movió un poco incomodo, le encantaba hablar con ella pero ese no era un tema de conversación que quisiera tocar del todo.

-Mariana por favor, no hay que hablar de eso.

-¿Por qué no? Es un tema que deberíamos de discutir seriamente.

-¿Para qué? Todo esto, es…

-No lo digas.- dijo ella con una mirada desafiante. El desvió la mirada y siguió hablando.

-Bueno entonces, como te decía. Cuando prendí la tele el programa ya se había acabado, entonces mi papá agarró el control y cuando le cambió…

Ella se levanto y caminó hacía la puerta.

-¿A dónde vas?

-Cállate.-dijo sin voltearlo a ver y saliendo del cuarto.

Él escuchó como azotaba la puerta y luego la habitación se inundo de silencio.

¿Por qué se enojaba? Eran amigos, no tenía por qué enojarse, ni siquiera había pasado nada entre ellos, ni un beso, ni una agarrada de la mano, nada. Se levantó para mirar por la ventana a ver si alcanzaba a verla pero había desaparecido.

Ni siquiera se había llevado sus cosas, su bolsa y su celular seguían ahí, lo que significaba que en algún momento tenía que regresar por ellos, entonces podría seguir hablando con ella.

Pasaron cuatro horas para que ese momento llegara.

Cuando Mariana abrió la puerta lo miró.

-Uhmmm, sigues aquí.-dijo sin poder evitar mostrar su desprecio.

-¿Cuál es tu problema?-le dijo desesperado.

-Ninguno, sólo se me olvidaron mis cosas aquí, pero pensaba regresar cuando no estuvieras.

-Bueno pues aquí estoy.

-Sí, ya me di cuenta. Lamentablemente.

-Ahora resulta que me odias.

-No te odio, sólo me eres indiferente, no es lo mismo pero se parecen.

-Hace cuatro horas te gustaba.

-Sí, hace cuatro horas.

-¡Vamos! No puedes cambiar de opinión tan rápido Mariana.

-Sí puedo, soy mujer, la naturaleza me ha concedido ese derecho.

El la miró con cierta confusión, ella se limitó a sonreír y a recoger sus cosas.

-Bueno si me disculpas, tengo cosas importantes que hacer.

-No es cierto.

-Tienes razón, pero se me hizo muy descortés decirte que ya no quería estar aquí.

-¿Por qué haces esto?

-¡Que no estoy haciendo nada! Deja de insistir Alejandro, sólo vas a hacer que me moleste más.

Él se levantó para acercarse a ella, pero ella empezó a caminar a la puerta.

-Igual no es tan importante, no te sientas tan especial, no eres el primero ni el último al que le digo eso, sólo quería tomar el primer paso yo, ya que tú nunca te atreverías a hacerlo. Pero ya entendí que no era eso, simplemente era que no te llamo tanto la atención.

-Ahora resulta que sabes hasta lo que pienso.

Ella se rio, antes de abrir la puerta se volteó.

-No, y no puedo decir que te conozco lo suficiente, pero tengo como que ese sexto sentido, eso también me lo dieron por ser mujer.

-Esta bien Mariana, tal vez si me gustas, pero me da hueva todo eso de gustarse, salir, esas cosas. Esta padre eso de ser amigos, ¿por qué complicar las cosas?

-Nadie esta complicando nada. –Dijo ella sosteniendo la puerta.-  Bueno tu sí, porque sigues insistiendo con el tema a pesar de que te dije que lo olvidaras.

-Ya pues, tienes razón, si te vas a ir ya vete, antes de que diga otra pendejada.

-Muy bien.

Cerró la puerta tras de ella y después se oyeron sus pasos resonar en el pasillo, hasta que el eco se volvió inaudible y una vez más el silencio se apoderó de la habitación.

Y se había quedado solo. Una vez más, a pesar de que esta vez se había jurado no dejar ir a la persona, y que daría todo por que las cosas no terminaran como siempre. Pero al parecer no podía, las cosas simplemente no funcionaban así en su vida, él simplemente esperaba que todo fuera manejado por alguna fuerza externa, como si las cosas se dieran a su favor y él no tuviera que hacer nada, sólo disfrutar de lo que le daba la vida.

Le hubiera gustado estar con ella. Tal vez las cosas no hubieran sido como la película de su vida que se había imaginado, pero estaría con una persona con la que podía pasar el tiempo sin importar de que hablaban. Se sentía extraño con el simple hecho de imaginarse abrazándola o besándola, era algo que no podía concebir, nunca había pensado en ella de esa manera, pero en ese momento parecía una muy buena idea.

Lamentaba que el tiempo no le alcanzara ¿De qué servía luchar por alguien si realmente no se tenía la intención de estar con esa persona por mucho tiempo? Lo que él buscaba era una relación de verdad, algo duradero, no algo de sólo tres meses y ya. Pero no tenía tiempo, sus planes a mediano plazo habían hecho que su vida se dividiera en periodos de un año en diferentes partes, por lo que no podía estar atado a una persona en alguna de ellas, porque eso podía hacerlo cambiar de opinión y dejar lo que ya había planeado tan bien.

Miró la puerta, tal vez por ella valía la pena sacrificar un poco esas cosas, tal vez ese era el momento en el que él tenía que tomar la decisión importante y hacer algo para cambiar las cosas, omitir esa fuerza externa y…no, no tenía caso.

Se tiró en el sillón y cerró los ojos, tenía que olvidarlo, simplemente fingir que nada de eso había pasado.

No supo cuanto tiempo duro con los ojos cerrados en ese sillón, pero si recuerda cuando se abrió la puerta, y sin abrir los ojos escucho.

-No ibas a venir corriendo detrás de mi ¿verdad?

-Lo iba a hacer.

-Sí, pero fui yo la que tuvo que regresar.

-Si regresaste fue porque entonces si te gusto.

-Y si tu no te fuiste entonces significa lo mismo.

lunes, 26 de marzo de 2012

Un día muy diferente


Terminó de redactar la historia después de una noche completa de trabajo.

Soltó el lápiz y lo dejo a un lado del cuaderno. Prefería escribir sus historias de la manera antigua. Para él tenía más significado una historia escrita con la propia mano; tenía la idea de que el formato digital solo hacia perder el verdadero sentimiento que se tiene cuando se escribe una historia. A la que le das tu propio pulso con el lápiz, y con el que puedes imprimir las emociones que tienes en el papel.

Era una historia corta, no eran mas de 10 paginas pero para el tenían un significado especial. Siempre había admirado  a las personas que escribían, y se lamentaba de que el no tuviera esa habilidad, sin embargo lo intentaba de vez en cuando. Siempre dejaba las historias a medias, muchas veces ni siquiera podía empezar a escribir porque se distraía o se desesperaba cuando no le llegaba ninguna buena historia a la cabeza.

Releyó las páginas. Sentía cierta emoción cuando se daba cuenta de que había podido plasmar sus ideas de tal manera que cualquier persona pudiera entenderlas y sentirlas.

De repente un miedo intenso se apodero de él. Si alguien llegaba a leer eso se enteraría de sus sentimientos. En ese momento la idea de hacer eso público lo hizo apenarse. Se puso rojo mientras veía las letras escritas con lápiz. Se imagino a su padre leyendo la historia y reprobando sus sentimientos, a su mejor amigo burlándose de lo que había escrito, y peor aun, a ella riéndose de las cosas que estaban en ese papel.

Pensó en destruirlo. ¿Cómo podía haber gente que publicara esas cosas sin que le importara lo que pensaran de ellos? Se molestó consigo mismo por haber pensado si quiera en la idea de hacer eso público. Tenia que destruirlo. Pero, ¿cómo destruiría su única historia completa escrita? No podía hacer una cosa como esa, tal vez seria mejor esconderlo en alguna parte donde supiera que nadie lo leería.

Empezó a caminar por su habitación con las hojas en la mano, pensando cual seria el mejor lugar para guardar ese que seria su mayor secreto. Tendría que ser un lugar inteligente, algo donde pudiera guardar otras historias si en algún momento se volvía a inspirar como esa noche.

Miro los cajones de su cuarto, su cama. Todos esos lugares eran tan típicos que cualquier persona los encontraría. De igual manera sentía que ningún lugar sería lo suficientemente bueno como para esconder ese secreto. Sentía que las hojas que tenía en la mano podrían ser descubiertas en cualquier momento por alguien, era como si sólo por ser un secreto las posibilidades de que lo encontraran aumentarán.

Entonces se le ocurrió la idea. Debía d esconderlo entre más papeles, para que pareciera algo sin importancia. Pero entonces una pequeña idea lo hizo cambiar de opinión ¿Y qué si su madre algún día limpiando su cuarto se encontraba con los papeles y decidía tirarlos?  No, esa no era la solución.

Miró su computadora. Quizás si lograba escribirlo y convertirlo a un formato digital sería más sencillo ocultarlo, de esa manera podría guardarlo en la carpeta más escondida de su computadora y tendría acceso a él cuantas veces quisiera.

Se sentó rápidamente y escribió cada palabra justo como la había escrito en el papel. No quería pasarlo a la computadora pero al parecer era la única forma de esconder por completo aquella historia que guardaba su mayor secreto. Lo escribiría todo, lo guardaría en su computadora y después podría destruir aquellas hojas.

Después de una hora de trabajo logró redactar su historia en la computadora, y hasta aprovechó el momento para hacerle unas cuantas modificaciones que mejoraban la historia.

Vio con orgullo las 3, 756 palabras que conformaban su historia, ahora en la computadora eran menos páginas que las que había escrito a mano, pero seguía siendo algo muy aceptable.

Releyó la historia, a fin de cuentas no era tan mala, y era su mejor trabajo, de hecho era su único trabajo completo, no podía simplemente esconderlo, ¿pero que podía hacer con él? Pensó publicarlo en alguna parte, pero no conocía ningún lugar.

Abrió rápidamente el internet y busco. Facebook, no, mala idea, cualquiera podría leerlo ahí, y eso era exactamente lo que no quería.

Se levantó de su silla y miró por la ventana, a pocas casas de la suya vivía aquella mujer que lo había inspirado a escribir cada una de esas páginas, pero ella no debería de leer ninguna de esas palabras, podría destruir su vida.

Volteó hacía la computadora, ahí mismo estaban las hojas. Corrió y las agarró, como si haberlas dejado esos pocos minutos en su escritorio podía hacer que alguien más las leyera.  

Se volvió a sentar, pasando las hojas de cuaderno donde su letra sucia relataba aquella historia de como un chico se enamoraba de una chica que no lo quería, y que con el tiempo se convertían en amigos, pero sin que ella sintiera algo especial por él.

No podía negar que la historia estaba basada en casi todo lo que le había pasado a él. El final del cuento era lo que el deseaba, un final perfecto para aquella relación. O tal vez no. Pensó durante un tiempo, tal vez las cosas no serían tan perfectas como decía su cuento.

Leyó las últimas tres páginas, y se dio cuenta de que el final no era tan bueno como había esperado, era un final demasiado feliz y perfecto, y de alguna manera hacía parecer que ni siquiera valía la pena escribir la historia, porque todos podían imaginárselo. Tenía que cambiarlo.

Abrió de nuevo el archivo donde tenía el cuento en su computadora y empezó a teclear. Las ideas fluyeron solas, no tenía en realidad el final en mente pero conforme desarrolló esos últimos momentos donde la historia empezaba a morir un final diferente se le ocurrió.

Volvió a leer el cuento completo, ahora parecía una historia diferente. El final le daba ese toque especial que no se había dado cuenta que le hacía falta.

Miró el reloj, eran las 4 de la mañana, no faltaba mucho para que empezara a amanecer.  Pero el cuento seguía ahí, esperándolo a que hiciera algo más con él.

Ahora que la historia era diferente tal vez ya no importaría tanto que alguien más la leyera, de cualquier manera las cosas se escriben para ser leídas.

En ese momento volvió a imaginar a sus amigos leyendo la historia; los veía a todos burlándose de la historia tan mediocre que había escrito. Luego la imaginó a ella leyendo y preguntándole si era una historia de verdad, o peor aún, que a pesar del cambio supiera que se trataba de ella.

Cerró el documento y apago la computadora. No podía seguir viendo eso. Se tiró a la cama, pero no durmió, no podía ni quería hacerlo. Ese cuento seguía dándole vuelta en la cabeza. Tal vez hubiera sido mejor idea destruirlo desde un principio y dejar de preocuparse por él.

Se volteó y miró al techo, ¿por qué había empezado a escribirlo? Recordó que la había visto en la escuela, pero era diferente, ese día tenía pensado decirle que le gustaba. Pero no pudo, algo lo detuvo, miedo. Miedo a que lo rechazara. Llego a su casa enojado consigo mismo por no poder haberle dicho una cosa como esa, y por eso se había puesto a escribir, para que su personaje si pudiera hacerlo, para que la persona en esa historia fuera capaz de tener todo el orgullo que él no tenía.  Y para que esa chica del cuento no lo rechazara y se fuera con él. O por lo menos en la versión original, porque después del cambio que le hizo las cosas terminaban de una manera diferente.

Se volvió a levantar y vio las hojas una vez más. Tal vez lo mejor era darle la historia a ella, podría ser su forma de decirle que le gustaba. Pero la simple idea de verla leyendo eso lo hizo ponerse rojo.

Tiro las hojas por la habitación, y volvió a mirar por la ventana. ¿Por qué era tan difícil? Sólo tenía que ir con ella y decirle que le gustaba, ¿por qué su personaje era capaz de hacerlo y no él?

Volvió a mirar las hojas. Las recogió una por una y las volvió a acomodar en el escritorio. Prendió la computadora y releyó la historia que tenía ahí, tal vez lo mejor sería publicarlo, no para que ella lo leyera, simplemente para desahogar toda la tensión que había provocado en él.

Entró a su cuenta y abrió la sección de notas. Era tan fácil, solo copiar y pegar, y cada una de las 4,087 palabras se copiaría de una manera casi instantánea, y entonces al momento de presionar el botón de publicar ya no sería su problema.

Antes de presionar el botón dudó, tal vez no era la mejor opción, ¿qué fin tenía que la gente leyera aquella historia? ¿Por qué tenía que decirle a todos esos “amigos” lo que en realidad sentía? No tenía ningún caso. Cerró la página, esa gente no tenía por qué enterarse de lo que sentía, mucho menos que les importara.

Volvió a acostarse, pero otra vez no pudo dormir, el cuento seguía en su cabeza, los diálogos, los momentos, aquellos dos personajes que intentaron estar juntos pero no pudieron. ¿Sería su historia así si se lo decía? Tal vez, pero de cierta manera sus personajes habían terminado bien, tal vez no volverían a ser amigos, pero se podrían saludar en la calle; no era tan malo ese final, incluso para su propia historia.

Abrió una vez más la página de internet y pegó la historia, después de todo era simplemente una historia, un cuento, no era una declaración de sus sentimientos. Y si las personas llegaban a pensarlo ¿qué importaba? No tenía por qué preocuparse por eso.

Esta vez no dudó y presiono el botón. En un instante el editor de texto se había convertido en una página donde estaba cada palabra de su cuento, y donde en tan poco tiempo cualquiera podría leerlo.

En ese momento entro presa del pánico. ¡¿Cómo se había atrevido a hacer algo así?! ¿En qué momento se había convencido a si mismo de que esa era una buena idea? No lo era, era una pésima idea, no tenía por qué hacerlo, esa gente no tenía por qué importarles lo que el sentía, y el mucho menos tenía que decirlo. Probablemente al día siguiente todos se estarían riendo de su cuento, burlándose de él y de sus sentimientos escondidos por su amiga.

Buscó una forma de eliminar aquella página, quería desaparecerla que nadie la viera nunca, que fuera un cuento sólo para él, que nadie más tuviera acceso a sus sentimientos.

En ese momento un comentario apareció en la página “¡Vaya! Buena historia. Sigue escribiendo”. ¿Era posible? No era burla, no era crítica, le habían dicho que su historia era buena. A los pocos segundos recibió otro comentario “Que buena manera de empezar el día, nada como leer un buen cuento”.

¿Empezar el día? Miró el reloj, eran las 6 30 de la mañana, en menos de una hora tenía que estar en clase.

Vio la página donde estaba su cuento, después de ese otros comentarios empezaron a aparecer, pero no los leyó, apagó la computadora y dejó los papeles en el escritorio. Se tiró en la cama y durmió poco antes de ir a la escuela.

Se sentía bien, en ese momento las ideas que tenía en contra de publicar aquel cuento le parecieron ridículas, escribir era una buena manera para desahogarse.

Ese día sería muy diferente a los demás.

martes, 27 de diciembre de 2011

Blockbuster


La conocí en esos días entre navidad y año nuevo, ustedes saben esa semana perdida en la que estás de vacaciones, pero no festejas nada,  aun así sigues saliendo con tus amigos que no veías de hace mucho, comes recalentado de la cena de navidad y planeas que es lo que piensas hacer el 31 de Diciembre.
Durante mucho tiempo esperé a que mi próxima novia apareciera de una manera mágica y digna de una película. No se, en algún café pidiendo la misma bebida, sonriéndonos y sintiendo el flechazo; a lo mejor en un parque, mientras ella lee un libro, yo me acerco le pregunto por él y nos ponemos a hablar y discutir sobre nuestros autores favoritos encontrando una química que, hasta ese momento, no habíamos imaginado jamás; pero mi favorita de todas era la de una boda aburrida a la que los dos teníamos que ir más por compromiso que por otra cosa, yo sentado en una mesa encontrándome con sus tiernos ojos al otro lado del salón de fiestas, una sonrisa de dientes perfectos, música romántica de fondo, preguntarle su nombre, sacarla a bailar y después escaparnos y juntos descubrir un lugar mágico en la ciudad que fuera testigo de nuestro primer beso.
Sé que es lo qué han de pensar en este momento ¡que cursi! Pero eso es lo que sucede cuando uno crece en un mundo donde el encuentro con el amor de tu vida esta tan sobrevalorado por música, película y libros.
Como podrán imaginar con el paso del tiempo estas ideas fueron desapareciendo y decepción tras decepción me di cuenta de que uno no encuentra al amor de su vida, uno no busca a esa persona especial, uno simplemente es uno mismo y si tiene la suerte suficiente encontrara una persona que lo hace feliz.
Pero bueno volviendo a esos días en el que sabes que el año se esta muriendo y buscas desesperadamente algo interesante que hacer.  Era un jueves, que a mi parecer es uno de los días menos interesantes de la semana, no es un lunes por lo que la gente no lo odia, no es un miércoles así que la gente  no lo toma como su día de juntarse, tampoco es un viernes o un sábado que son días de fiesta, y mucho menos un domingo para descansar, entre el martes y el jueves se llevan el título del día menos interesante de la semana.
Ese jueves me había despertado temprano, más temprano que de costumbre. Hacía frío, o por lo menos eso parecía, encerrado en mi casa con la calefacción prendida no sentía nada de frío. Mis roomies no estaban en la ciudad, para esas fechas las personas regresan con sus familias a pasar el tiempo, claro que la mía como podrán imaginar no estaban en esas condiciones, mis padres habían tomado unas vacaciones que según ellos habían necesitado desde hace mucho, aprovechando que mi hermano pasaría navidad con la familia de su prometida, así que había pasado mi primera navidad solo, y  había decidido quedarme en donde estaba y no ir a mi ciudad.
No tenía que ir a la escuela, eran vacaciones, y aunque me había prometido meterme a trabajar la flojera le gano a la voluntad por lo que esas vacaciones me había dedicado a ver películas y series de televisión, además de salir en las noches con algunos de mis amigos.
Como ya había mencionado antes era jueves, por lo que ese día no tenía nada planeado, quería ver una película y como ese día mis padres me habían mandado depositar un poco de dinero a mi cuenta decidí darme el lujo de rentar una película en algún Blockbuster.
Y es aquí donde empieza la magia, perdonen si a veces exagero las cosas pero tienen que entender que así es uno cuando esta enamorado y no se puede evitar.
Llegué al Blockbuster, no había ninguno cerca de mi casa por lo que tuve que manejar un poco, pero lo suficiente como para que el carro se calentara y pudiera encender la calefacción así que por lo menos no sufrí mucho de frío.
Como siempre dure horas viendo todas las películas, quería ver tantas que sabía que una sola noche no me alcanzaría. Tenía pensado rentar tres películas pero una vez ahí recordé que generalmente para la segunda película me estoy muriendo de sueño, por lo que no tenía caso rentar más de dos. Tenía que elegir muy seriamente entre dos películas para ver ese día.
La primera película ya la tenía casi elegida Scott Pilgrim vs the World, esa ya estaba decidida desde que había llegado, pero la segunda estaba entre Our Idiot Brother o 500 Days of Summer. La primera me la habían recomendado mucho,  y la segunda era una película muy buena que ya había visto antes. Cuando estaba por decidirme fue cuando la vi por primera vez. Ella estaba apunto de agarrar la película de Definetly Maybe, una comedia romántica al estilo de otras que había visto, me miro y en ese momento me puse nervioso, tenía unos ojos diferentes, cafés como los de todas las personas pero era imposible no verlos, piel blanca y cuando me vio que la estaba viendo vi la sonrisa más hermosa que he visto en toda mi vida.
Se me había olvidado que ya estaba apunto de agarrar la película cuando me quede viendo y sin darme cuenta tire la película al piso, ella se rio de mi y se volteó. Me sentí muy ridículo, ¿Por qué me había puesto nervioso? Era solo una chica, nada importante.
Me agaché para recoger la película y busque con la mirada a aquella chica. El local no era tan grande y la encontré en el área de películas de drama. Me acerque, fingiendo ver las películas de aquellos anaqueles, ahora que lo pienso debí de haber sido muy obvio porque cuando me acerque ella se rio y se movió a otro pasillo.
Ya tenía dos películas y ya me podía ir pero había algo que me hacía estar ahí todavía, el simple hecho de poder ver a aquella chica me podía mantener ahí, de todas maneras no tenía nada más importante que hacer. 
Era alta, o más bien para la estatura normal de las mujeres ella era más alta que lo normal. Pude ver pecas, no muchas pero si las suficientes como para no confundirlas con lunares, todo lo demás en cualquier otra persona pudo no haberme llamado la atención, pero en ella parecía como si fuera perfecto y no podía imaginarla de otra manera.
Volví a cambiarme de pasillo, comedia y acción, odiaba esa parte, siempre estaba llena de gente que pensaban que la mejor película del mundo era Hang Over o cualquier película de ese estilo, por ellos el cine comercial seguía vendiendo, tengo que aceptar que si ella hubiera agarrado cualquier película de esa sección me habría ido inmediatamente a rentar las películas  y a mi casa, pero se paso de largo al siguiente pasillo.
Cine arte, nunca fui muy amante de esas películas, siempre pensé que solo la veían dos tipos de personas, aquellos que querían verse interesantes y veían esas películas para en algún momento de su conversación en la que según ellos se ven diferentes puedan decir “Pienso que la película de The Clockwork Orange es buena, me encanta el trabajo de Kubrik pero nada como David Lynch y su película Mullholand Dr, en ese filme plasma realmente lo que es el cine” y que según ellos eso los hace verse intelectuales; el otro tipo de personas que las ven son realmente los que les gusta el cine y no tienen la necesidad de andar presumiendo ni diciendo nada de eso.
Se paró a ver películas ahí, ya tenía una en la mano pero parecía tener el mismo dilema que yo sobre cual sería esa segunda película que muy probablemente no vería y que se quedaría dormida antes de la mitad.
Seguía viéndola, tratando de disimular un poco para no parecer un acosador, pero la verdad es que estaba cautivado con ella, era por mucho la chava más bonita que había conocido en mucho tiempo, digan lo que quieran sobre el amor a primera vista y ese tipo de cosas pero sentí algo cuando la vi.
Una niña pasó corriendo cerca de mí que por tratar de esquivarme tiró unas películas. La mamá le gritó por su nombre y la niña empezó a llorar por el golpe. Le di la mano a la niña para levantarla y ayude a la mamá a recoger las películas que estaban en el piso. Cuando termine voltee hacía el pasillo de cine arte pero la chica ya no estaba ahí. La busque en el local pero no la encontré en ninguno de los pasillos de las películas, cuando mire la fila para rentar ella estaba ahí, formada con una sola película en la mano.
Me apresuré para poder estar parado detrás de ella. Volteo a verme y me sonrió pero después me volvió a dar la espalda. Quería decirle algo pero no podía, era imposible, ninguna palabra saldría de mi boca en ese momento, pensé en todas las frases que podía decir pero nunca fui bueno para eso de conseguirse a un chica de manera espontanea, yo siempre fui más a la larga.
Cuando tocó su turno se acercó y le dió la película al joven que atendía.
-Buenas noches-le dijo él.
-Buenas noches.-dijo ella, con una voz suave, y muy tierna.- Oye la cuenta esta a nombre de mi hermana, pero ¿puedo rentar las películas así?
-Claro, sólo dime tu nombre y una identificación.
-Sí, me llamo Cristina Corona Rivera. –Dijo mientras sacaba su cartera.-Oye y no puedes checar si esta la película de Scott Pilgrim contra el mundo. ¿Por favor?
En ese momento deje de respirar, juro que por un momento deje de respirar, ¿era cierto que aquella chica estaba pidiendo mi película favorita? 
-Sí claro.-dijo el que atendía agarrando la credencial que le había dado. Después tecleo unas cosas en la computadora.- Sí, todavía queda una.
-La busque, pero no esta.
-Entonces algún otro cliente la tiene señorita, lo siento.
¿Era posible? Esa chica había pedido mi película favorita para rentar y yo tenía la última que tenían en el Blockbuster. En ese momento me armé de valor y decidí decir algo.
-Toma- dije mientras le extendía la película.- Yo ya la vi muchas veces, no pasa nada si no la veo hoy.
La chica me miro extrañada, sin estar segura de si en realidad le hablaba a ella.
-¿Cómo?
-Sí, yo ya vi la película muchas veces, nunca me canso de ella, pero si quieres verla toma, yo puedo rentarla otro día.
Me sonrió y agarro la película.
-Gracias-dijo mientras se la daba al joven.
Pagó su renta y me sonrió. Después salió del local, pero me sonrió antes de salir.
Cuando llegue a la caja el chico se dio cuenta de que había dejado su credencial.
-Se me olvido dársela.
Pague rápido la renta y salí rápido del local para alcanzarla.
-¡Cristina! –dije mientras ella estaba por subirse a su carro.
-¿Si?-dijo ella un tanto extrañada.
-Perdón, se te olvido tu credencial adentro, aquí esta. –Le dije mientras se la daba.- Que bien sales en la foto.
-¡Claro que no! Salgo horrible.-dijo mientras se reía y agarraba la credencial.- Nunca me ha gustado como salgo en estas cosas, siempre trato de evitar las fotos de credenciales porque son mi perdición. –dijo riéndose un poco y mirando la foto de la identificación.
-No, claro que no. A las mujeres les encanta quejarse de eso nomás para que les digan que es mentira y que salen muy bien en la foto.
-¿Crees que yo lo hago por eso? Es en serio, no salgo bien en las fotos.-dijo mientras guardaba la credencial en su cartera.- Oye muchas gracias por darme la película, me gusta mucho y desde hace rato que quería volver a verla.
-Claro, es mi película favorita así que te entiendo, la he visto muchas veces.
-¿Te gusta?
-¡Claro! ¡Me encanta! Sé que esta basada en un juego y en una historieta pero no yo me quedo con la película.
-No he visto ninguno de los dos, pero la película es muy buena.
-Bueno, entonces disfruta la película Cristina.
-Gracias..¿cómo te llamas?
-Raúl, mucho gusto.-dije sonriéndole un poco.
-Gracias Raúl.
Camine hacía mi carro, y escuche como cerraba la puerta del suyo, no es muy común que yo haga ese tipo de cosas pero a ella realmente la quería conocer mejor, así que corrí a su carro y le toque a la ventana.
-¿Qué pasa Raúl?-dijo ella sonriéndome.
-Oye sé que en realidad apenas sabes como me llamo, y que es muy probable que me digas que no pero, ¿te gustaría ir por un café o algo un día? Te juro que no soy un violador ni un secuestrador, solo quiero conocerte.
-¿Quieres conocerme?-dijo ella mirándome con una sonrisa.
-Sí, sé que es raro pero…
-No te preocupes Raúl, yo también quiero conocerte, y claro que sí quiero, y espero que me estés diciendo la verdad con eso de que no eres un violador.
-No te preocupes, ni un solo delito en toda mi vida.
-Prefecto, entonces aquí esta mi número.-dijo mientras lo anotaba en un papel.
Se fue y me dejo con una gran sonrisa en la cara, era la primera vez que le pedía el número a una chica, y había funcionado.

sábado, 17 de diciembre de 2011

Llovía


Llovía, sí estoy seguro que llovía.

-¿Por qué me dices eso?

-Porque es importante que lo sepas, puedes terminar lastimado.

Tal vez no llovía, pero si era de noche.

Caminé hacia ella, traté de agarrarle la mano y se rio.

-¿De qué te ríes?

-De nada importante.-Sonrió y me dio un beso.

Ya recordé, era de noche, había llovido todo el día, las ventanas todavía tenían gotas de agua.

Odiaba que se portara así, como si nada hubiera pasado, como sí ese momento no fuera importante.

Se alejó y se sentó en un sillón, después soltó un suspiro.

-Hace rato que no limpias aquí ¿verdad?-Miraba con un poco de asco el sillón y después me sonrió.-¿Te acuerdas cuando vine por primera vez?

-Como olvidarlo.

-Esa noche estabas muy nervioso.

-Claro que lo estaba…

Se rio, me acerqué al sillón y me senté a su lado, ella se recostó en mis piernas.

Hacía frío, lo recuerdo porque el intermitente encendido y apagado de la calefacción era el único sonido de fondo.

-La verdad, yo no estaba muy segura de estar aquí.

-¿A qué te refieres?

-Sí, en ese momento no sabía muy bien si en realidad quería salir contigo.

-Pero terminaste aquí.

-Bueno de cierta manera sí, pero no estaba segura de si era lo correcto.

-Igual dijiste que me amabas.

-¡Oh no!, no lo hice.-Dijo ella levantándose y mirándome.

-Sí, lo hiciste, en este mismo sillón.

Ahora que recuerdo había música de fondo, a ella le encantaba poner música de fondo.

-Me acordaría de eso.

-Yo me acuerdo de eso, estábamos aquí sentados, te bese…

-No, yo te besé.

-¿Qué?

-Yo te besé,  tú nunca ibas a dar el primer paso. Yo tuve que acercarme a ti y casi darte el beso.

-Bueno, me besaste, después nos besamos, y cuando estábamos los dos acostados aquí dijiste que me 
amabas.

-¿Por qué habría dicho algo así?

-No lo se, ¿andabas peda?

-No.-dijo riéndose.

-¿Por qué estas tan segura?

-Porque…

-Porque…-dije esperando su respuesta.

-Porque no quería que la primera vez yo anduviera peda.

-Pero acabas de decir que no estabas segura de si querías conmigo.

-Bueno cambié de opinión.

-No puedes cambiar de opinión de algo del pasado.

Me miró, después levantó los hombros y se volvió a acostar en mis piernas.

-¿Será?-dije al cabo de un rato.

-¿Será qué?

-¿Será que enamore a la señorita Sofía?

-¿De que hablas?

-¡Vamos! Finges que no me quieres, te quitas cuando te voy a dar un beso, no me dejas agarrarte la mano, porque te gané.

-No es un concurso.

-No pero te gané.

-No puedes ganar nada si no estábamos concursando.

-Pero hice que te enamoraras, ¡hice que Sofía Rivera se enamorara de mí!

-No hiciste nada.

-¿Estas segura?

Me miró, había cierto toque de odio, como si eso fuera para ella un insulto más que cualquier otra cosa.

-Y con eso, no solo hice que dependieras de mí, lastimé tu orgullo.

-¿Quieres dejar de creer que lo sabes todo?

-¿No es así?

Se levantó, caminó a la ventana y… ¿estaba llorando? No recuerdo si estaba llorando. Miró por la ventana un rato, y después volteo.

-¿Qué quieres que te diga?

-La verdad nada, tu silencio habló mucho mejor de lo que tu has hecho en todo este tiempo.

Se mordió ligeramente un labio.

-Todo es temporal.

-Hay cosas que no lo son.

-¡Sí! ¡Lo son! ¡Todo en este mundo se acaba!

-¿Hasta lo que sientes?

-¡Quieres dejar de ser tan cursi! ¡Esas cosas del amor y todo eso! Son sólo fantasías, cosas que no existen pero que te hacen creer para que tengas la idea de que existe algo mejor.

No se en que momento empezó a gritar, mucho menos como terminé parado, me miró fijamente.

-¿Eso es lo que piensas? Que no vale la pena intentar algo.

-¿Para qué intentarlo? Se como va a terminar, así ha terminado todas las veces.

-¿A qué le tienes miedo?

-A que te alejes de mi, y que ya no te pueda tener.

-¿Y por eso prefieres perderme?

-No te estoy perdiendo.

-¿Estas segura?

Me miró, y por un momento vi en su mirada temor, o duda, o algo parecido a ese sentimiento en el que no quería perderme y quería estar conmigo.

-No quiero perderte.

Se acercó a mí, o tal vez yo me acerqué, el punto es que estaba en frente de ella.

-¿Entonces tenía razón? Le gane a la señorita Sofía Rivera.

-No te emociones tanto.

Dijo mientras me abrazaba y sonreía. La abracé.

No fue el mejor final de todos.


miércoles, 9 de noviembre de 2011

Dos cafés


-Dos cafés, uno de vainilla y el otro así solo, gracias.- El mesero tomó la orden y nos dejó solos.

-¿Entonces?

-¿Entonces qué? Ya sabes todo lo demás, se acabó el día y para la mañana siguiente no era más que una más en la lista.

-Pero entonces si pasó algo.

-Sí, pero eso no cuenta, fue como que algo que nomás pasó y no va a volver a pasar.

-Pero se quedó en tu casa.

-¿Y eso qué? Por favor no significa nada.

El lugar estaba un poco lleno, las voces de las otras conversaciones eran un buen fondo ambiental, junto con la canción que habían puesto. Afuera hacía frío, ese invierno en especial había sido más frío que los demás, pero la gente estaba acostumbrada a las bajas temperaturas por lo que no estábamos sufriendo mucho.

-¿Y qué piensas hacer?

-Nada, seguir adelante, dejar de darle vueltas al asunto y dejarla ir. No puedo quedarme estancado con alguien que se porta así.

-Te gusta.

-¿Qué?

-Te gusta, y mucho, solo que no quieres aceptarlo.

-Vamos, solo fue algo de una noche, curiosidad, puedes decir que solo fui un capricho para ella. Además, te tengo a ti. ¿Qué más puedo pedir?- le sonreí y los dos nos empezamos a reír.

El mesero nos sirvió los cafés y ella se levantó a preparar el suyo. Empecé a tomar del mío cuando vi que había dejado su celular en la mesa. Por azares del destino en ese momento le llego un mensaje. “Rodolfo te ha enviado un mensaje”. Lo mire y no pude evitar sentir un poco de celos, llevaba menos de un mes conociéndolo y ya se llevaban como si se conocieran de hace mucho, pero no me podía quejar de alguna manera así comenzó lo nuestro.

-Te vuelve a buscar tu tipo ese.-le dije cuando se volvió a sentar.

-Llevaba toda la semana sin saber de él.

-Es martes.

-Bueno pero llevaba mucho sin saber que había sido de él.-Agarró el celular y empezó a leer el mensaje.-Me invitó a cenar.

-¿Irás?

-Claro, ¿porque no?-dijo mientras empezaba a contestar el mensaje. No pude evitar hacer un sonido, me molestaba la idea de que ella saliera con él.- ¿Te molesta?

-No, es solo que…

-Es solo ¿qué?-dijo mientras empezaba a sonreír.- No te estarás empezando a poner celoso ¿o sí?

-Un poco.

-¡Jorge! No salgas con eso, desde que empezamos dijimos que nada de celos.

-Pues ¿Qué quieres que haga? Es inevitable.

-¡Ah sí! Pero tú sales con la tipa esa y se queda a dormir en tu casa y yo no puedo decir nada.

-Ya, ya relájate. Sólo te llevas tan bien con él. Así nos llevábamos tú y yo.

-Llevábamos.

-¿Por qué no podemos seguir siendo así?

-Porque ya pasó.

-No pasó.

-Bueno, ya pasamos esa etapa, ahora sólo.

-Ahora sólo somos el plato de segunda mesa del otro.

-No lo digas así, suena…suena feo.

-Pero así es ¿no?

-No exactamente, hay muchas veces que salimos juntos.

-Sí pero de qué sirve si al día siguiente sales con este tipo.

-Y tú con cualquier chava que te haga ojos bonitos en la escuela.

-¡Ay, ay! Ni que fuera un mujeriego o algo así.

-No lo eres, pero bien que intentas.

-Claro que no, solo me llevo muy bien con las personas.

-Ya como quieras.

Tomé de mi café, ella estaba un poco molesta tenía la mirada perdida en la ventana, sabía que ese “Ya como quieras” en realidad significaba mucho más, pero no quería decirlo.

-No es para tanto, ve con él y pásatela bien.

-Ya no voy a salir con él.

-¿Por qué?

-Porque te molesta, no quiero hacer cosas que te molestan.

-¿En serio? ¿Y desde cuando piensas tanto en mí?

-Desde que empezamos esto, sino recuerdas.

-¿Qué empezamos? Nunca empezamos nada, las cosas solo se dieron y ya.

-Pero se dieron bien.

-Sí, pero eso no significa nada.

-Claro que sí, significa que hay algo.

-Pero no estamos dispuestos a estar juntos.

-¿Ah no?

La miré, ahora si me miraba a los ojos, había algo diferente en su mirada, sus ojos brillaban como si estuvieran a punto de llorar. Llevábamos varios meses saliendo, y las cosas sólo se habían dado, no estábamos seguros de si podíamos estar juntos pero aun así lo habíamos intentado.

-¿Qué quiere decir eso?

-Nada, es sólo que, a veces me gustaría estar contigo bien.

-Pero estamos bien.

-No ese tipo de bien. Me refiero a estar. Despertar y saber que en tu casa tú despiertas y piensas en mí así como yo en ti. Ir a la escuela sabiendo que si estas sentado en una mesa haciendo tarea puedo llegar, abrazarte y darte un beso sin que nos vea alguna de las chavas que te gustan. Poder ir juntos a cualquier parte, salir como dos personas que están juntos. Quedarme en tu casa a ver películas y poder quedarme a dormir.

-¡Vaya! Eso que dices suena tan…tan…tan cursi Daniela, por favor.

-Yo sé que es cursi, pero a veces me gustaría.


-¿Para qué? ¿Para que puedas ponerlo en Facebook y que tus amigas le pongan “me gusta” y te pongan cosas como “Se ven bien lindos juntos”, “que padre amiga” o esas cosas tontas que se ponen? ¿Para que puedas decir frases que incluyan “Mi novio”? No Daniela, por favor no hay que poner etiquetas o formalizar nada.

-No estoy diciendo que le pongamos etiquetas, solo compromiso.

-¿Compromiso? Por favor has salido con cinco tipos diferentes en lo que llevamos saliendo, y esos son los que me he enterado.

-¿Y tú?

-¿Yo que? La chava de ayer fue una, y antes de ella no hubo otra. Rechacé dos veces a la chava que más me gustaba todo porque estaba contigo. Le dejé de hablar a mi ex novia porque ya estaba contigo. ¿Quieres algo más?

Soltó una pequeña lágrima que rápidamente se limpió con la manga de su chamarra.

-Quiero estar contigo.

-Eso ya lo tienes.

-No entiendes, quiero estar contigo.

-Si entiendo, pero es algo que no estamos listos para hacer.

-¿Por qué no?

-No sé, simplemente no estamos listos.

Le agarre la mano y le sonreí, ella sujeto mi mano fuerte y también sonrió.

-Se me enfrió el café.-Dijo riéndose un poco.

-A mí también.-levanté la mano para pedir la cuenta.-Vámonos.

-¿Qué vamos a hacer?

-Supongo que estar juntos, ¿no?