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domingo, 20 de mayo de 2012

Significa lo mismo


Se acercó a él y lo miro.

-Hablo en serio.

-¿Qué quieres decir?-dijo él un poco confundido.

-Sabes lo que quiero decir, me gustas y no puedes hacer nada para cambiarlo.

Se movió un poco incomodo, le encantaba hablar con ella pero ese no era un tema de conversación que quisiera tocar del todo.

-Mariana por favor, no hay que hablar de eso.

-¿Por qué no? Es un tema que deberíamos de discutir seriamente.

-¿Para qué? Todo esto, es…

-No lo digas.- dijo ella con una mirada desafiante. El desvió la mirada y siguió hablando.

-Bueno entonces, como te decía. Cuando prendí la tele el programa ya se había acabado, entonces mi papá agarró el control y cuando le cambió…

Ella se levanto y caminó hacía la puerta.

-¿A dónde vas?

-Cállate.-dijo sin voltearlo a ver y saliendo del cuarto.

Él escuchó como azotaba la puerta y luego la habitación se inundo de silencio.

¿Por qué se enojaba? Eran amigos, no tenía por qué enojarse, ni siquiera había pasado nada entre ellos, ni un beso, ni una agarrada de la mano, nada. Se levantó para mirar por la ventana a ver si alcanzaba a verla pero había desaparecido.

Ni siquiera se había llevado sus cosas, su bolsa y su celular seguían ahí, lo que significaba que en algún momento tenía que regresar por ellos, entonces podría seguir hablando con ella.

Pasaron cuatro horas para que ese momento llegara.

Cuando Mariana abrió la puerta lo miró.

-Uhmmm, sigues aquí.-dijo sin poder evitar mostrar su desprecio.

-¿Cuál es tu problema?-le dijo desesperado.

-Ninguno, sólo se me olvidaron mis cosas aquí, pero pensaba regresar cuando no estuvieras.

-Bueno pues aquí estoy.

-Sí, ya me di cuenta. Lamentablemente.

-Ahora resulta que me odias.

-No te odio, sólo me eres indiferente, no es lo mismo pero se parecen.

-Hace cuatro horas te gustaba.

-Sí, hace cuatro horas.

-¡Vamos! No puedes cambiar de opinión tan rápido Mariana.

-Sí puedo, soy mujer, la naturaleza me ha concedido ese derecho.

El la miró con cierta confusión, ella se limitó a sonreír y a recoger sus cosas.

-Bueno si me disculpas, tengo cosas importantes que hacer.

-No es cierto.

-Tienes razón, pero se me hizo muy descortés decirte que ya no quería estar aquí.

-¿Por qué haces esto?

-¡Que no estoy haciendo nada! Deja de insistir Alejandro, sólo vas a hacer que me moleste más.

Él se levantó para acercarse a ella, pero ella empezó a caminar a la puerta.

-Igual no es tan importante, no te sientas tan especial, no eres el primero ni el último al que le digo eso, sólo quería tomar el primer paso yo, ya que tú nunca te atreverías a hacerlo. Pero ya entendí que no era eso, simplemente era que no te llamo tanto la atención.

-Ahora resulta que sabes hasta lo que pienso.

Ella se rio, antes de abrir la puerta se volteó.

-No, y no puedo decir que te conozco lo suficiente, pero tengo como que ese sexto sentido, eso también me lo dieron por ser mujer.

-Esta bien Mariana, tal vez si me gustas, pero me da hueva todo eso de gustarse, salir, esas cosas. Esta padre eso de ser amigos, ¿por qué complicar las cosas?

-Nadie esta complicando nada. –Dijo ella sosteniendo la puerta.-  Bueno tu sí, porque sigues insistiendo con el tema a pesar de que te dije que lo olvidaras.

-Ya pues, tienes razón, si te vas a ir ya vete, antes de que diga otra pendejada.

-Muy bien.

Cerró la puerta tras de ella y después se oyeron sus pasos resonar en el pasillo, hasta que el eco se volvió inaudible y una vez más el silencio se apoderó de la habitación.

Y se había quedado solo. Una vez más, a pesar de que esta vez se había jurado no dejar ir a la persona, y que daría todo por que las cosas no terminaran como siempre. Pero al parecer no podía, las cosas simplemente no funcionaban así en su vida, él simplemente esperaba que todo fuera manejado por alguna fuerza externa, como si las cosas se dieran a su favor y él no tuviera que hacer nada, sólo disfrutar de lo que le daba la vida.

Le hubiera gustado estar con ella. Tal vez las cosas no hubieran sido como la película de su vida que se había imaginado, pero estaría con una persona con la que podía pasar el tiempo sin importar de que hablaban. Se sentía extraño con el simple hecho de imaginarse abrazándola o besándola, era algo que no podía concebir, nunca había pensado en ella de esa manera, pero en ese momento parecía una muy buena idea.

Lamentaba que el tiempo no le alcanzara ¿De qué servía luchar por alguien si realmente no se tenía la intención de estar con esa persona por mucho tiempo? Lo que él buscaba era una relación de verdad, algo duradero, no algo de sólo tres meses y ya. Pero no tenía tiempo, sus planes a mediano plazo habían hecho que su vida se dividiera en periodos de un año en diferentes partes, por lo que no podía estar atado a una persona en alguna de ellas, porque eso podía hacerlo cambiar de opinión y dejar lo que ya había planeado tan bien.

Miró la puerta, tal vez por ella valía la pena sacrificar un poco esas cosas, tal vez ese era el momento en el que él tenía que tomar la decisión importante y hacer algo para cambiar las cosas, omitir esa fuerza externa y…no, no tenía caso.

Se tiró en el sillón y cerró los ojos, tenía que olvidarlo, simplemente fingir que nada de eso había pasado.

No supo cuanto tiempo duro con los ojos cerrados en ese sillón, pero si recuerda cuando se abrió la puerta, y sin abrir los ojos escucho.

-No ibas a venir corriendo detrás de mi ¿verdad?

-Lo iba a hacer.

-Sí, pero fui yo la que tuvo que regresar.

-Si regresaste fue porque entonces si te gusto.

-Y si tu no te fuiste entonces significa lo mismo.

lunes, 26 de marzo de 2012

Un día muy diferente


Terminó de redactar la historia después de una noche completa de trabajo.

Soltó el lápiz y lo dejo a un lado del cuaderno. Prefería escribir sus historias de la manera antigua. Para él tenía más significado una historia escrita con la propia mano; tenía la idea de que el formato digital solo hacia perder el verdadero sentimiento que se tiene cuando se escribe una historia. A la que le das tu propio pulso con el lápiz, y con el que puedes imprimir las emociones que tienes en el papel.

Era una historia corta, no eran mas de 10 paginas pero para el tenían un significado especial. Siempre había admirado  a las personas que escribían, y se lamentaba de que el no tuviera esa habilidad, sin embargo lo intentaba de vez en cuando. Siempre dejaba las historias a medias, muchas veces ni siquiera podía empezar a escribir porque se distraía o se desesperaba cuando no le llegaba ninguna buena historia a la cabeza.

Releyó las páginas. Sentía cierta emoción cuando se daba cuenta de que había podido plasmar sus ideas de tal manera que cualquier persona pudiera entenderlas y sentirlas.

De repente un miedo intenso se apodero de él. Si alguien llegaba a leer eso se enteraría de sus sentimientos. En ese momento la idea de hacer eso público lo hizo apenarse. Se puso rojo mientras veía las letras escritas con lápiz. Se imagino a su padre leyendo la historia y reprobando sus sentimientos, a su mejor amigo burlándose de lo que había escrito, y peor aun, a ella riéndose de las cosas que estaban en ese papel.

Pensó en destruirlo. ¿Cómo podía haber gente que publicara esas cosas sin que le importara lo que pensaran de ellos? Se molestó consigo mismo por haber pensado si quiera en la idea de hacer eso público. Tenia que destruirlo. Pero, ¿cómo destruiría su única historia completa escrita? No podía hacer una cosa como esa, tal vez seria mejor esconderlo en alguna parte donde supiera que nadie lo leería.

Empezó a caminar por su habitación con las hojas en la mano, pensando cual seria el mejor lugar para guardar ese que seria su mayor secreto. Tendría que ser un lugar inteligente, algo donde pudiera guardar otras historias si en algún momento se volvía a inspirar como esa noche.

Miro los cajones de su cuarto, su cama. Todos esos lugares eran tan típicos que cualquier persona los encontraría. De igual manera sentía que ningún lugar sería lo suficientemente bueno como para esconder ese secreto. Sentía que las hojas que tenía en la mano podrían ser descubiertas en cualquier momento por alguien, era como si sólo por ser un secreto las posibilidades de que lo encontraran aumentarán.

Entonces se le ocurrió la idea. Debía d esconderlo entre más papeles, para que pareciera algo sin importancia. Pero entonces una pequeña idea lo hizo cambiar de opinión ¿Y qué si su madre algún día limpiando su cuarto se encontraba con los papeles y decidía tirarlos?  No, esa no era la solución.

Miró su computadora. Quizás si lograba escribirlo y convertirlo a un formato digital sería más sencillo ocultarlo, de esa manera podría guardarlo en la carpeta más escondida de su computadora y tendría acceso a él cuantas veces quisiera.

Se sentó rápidamente y escribió cada palabra justo como la había escrito en el papel. No quería pasarlo a la computadora pero al parecer era la única forma de esconder por completo aquella historia que guardaba su mayor secreto. Lo escribiría todo, lo guardaría en su computadora y después podría destruir aquellas hojas.

Después de una hora de trabajo logró redactar su historia en la computadora, y hasta aprovechó el momento para hacerle unas cuantas modificaciones que mejoraban la historia.

Vio con orgullo las 3, 756 palabras que conformaban su historia, ahora en la computadora eran menos páginas que las que había escrito a mano, pero seguía siendo algo muy aceptable.

Releyó la historia, a fin de cuentas no era tan mala, y era su mejor trabajo, de hecho era su único trabajo completo, no podía simplemente esconderlo, ¿pero que podía hacer con él? Pensó publicarlo en alguna parte, pero no conocía ningún lugar.

Abrió rápidamente el internet y busco. Facebook, no, mala idea, cualquiera podría leerlo ahí, y eso era exactamente lo que no quería.

Se levantó de su silla y miró por la ventana, a pocas casas de la suya vivía aquella mujer que lo había inspirado a escribir cada una de esas páginas, pero ella no debería de leer ninguna de esas palabras, podría destruir su vida.

Volteó hacía la computadora, ahí mismo estaban las hojas. Corrió y las agarró, como si haberlas dejado esos pocos minutos en su escritorio podía hacer que alguien más las leyera.  

Se volvió a sentar, pasando las hojas de cuaderno donde su letra sucia relataba aquella historia de como un chico se enamoraba de una chica que no lo quería, y que con el tiempo se convertían en amigos, pero sin que ella sintiera algo especial por él.

No podía negar que la historia estaba basada en casi todo lo que le había pasado a él. El final del cuento era lo que el deseaba, un final perfecto para aquella relación. O tal vez no. Pensó durante un tiempo, tal vez las cosas no serían tan perfectas como decía su cuento.

Leyó las últimas tres páginas, y se dio cuenta de que el final no era tan bueno como había esperado, era un final demasiado feliz y perfecto, y de alguna manera hacía parecer que ni siquiera valía la pena escribir la historia, porque todos podían imaginárselo. Tenía que cambiarlo.

Abrió de nuevo el archivo donde tenía el cuento en su computadora y empezó a teclear. Las ideas fluyeron solas, no tenía en realidad el final en mente pero conforme desarrolló esos últimos momentos donde la historia empezaba a morir un final diferente se le ocurrió.

Volvió a leer el cuento completo, ahora parecía una historia diferente. El final le daba ese toque especial que no se había dado cuenta que le hacía falta.

Miró el reloj, eran las 4 de la mañana, no faltaba mucho para que empezara a amanecer.  Pero el cuento seguía ahí, esperándolo a que hiciera algo más con él.

Ahora que la historia era diferente tal vez ya no importaría tanto que alguien más la leyera, de cualquier manera las cosas se escriben para ser leídas.

En ese momento volvió a imaginar a sus amigos leyendo la historia; los veía a todos burlándose de la historia tan mediocre que había escrito. Luego la imaginó a ella leyendo y preguntándole si era una historia de verdad, o peor aún, que a pesar del cambio supiera que se trataba de ella.

Cerró el documento y apago la computadora. No podía seguir viendo eso. Se tiró a la cama, pero no durmió, no podía ni quería hacerlo. Ese cuento seguía dándole vuelta en la cabeza. Tal vez hubiera sido mejor idea destruirlo desde un principio y dejar de preocuparse por él.

Se volteó y miró al techo, ¿por qué había empezado a escribirlo? Recordó que la había visto en la escuela, pero era diferente, ese día tenía pensado decirle que le gustaba. Pero no pudo, algo lo detuvo, miedo. Miedo a que lo rechazara. Llego a su casa enojado consigo mismo por no poder haberle dicho una cosa como esa, y por eso se había puesto a escribir, para que su personaje si pudiera hacerlo, para que la persona en esa historia fuera capaz de tener todo el orgullo que él no tenía.  Y para que esa chica del cuento no lo rechazara y se fuera con él. O por lo menos en la versión original, porque después del cambio que le hizo las cosas terminaban de una manera diferente.

Se volvió a levantar y vio las hojas una vez más. Tal vez lo mejor era darle la historia a ella, podría ser su forma de decirle que le gustaba. Pero la simple idea de verla leyendo eso lo hizo ponerse rojo.

Tiro las hojas por la habitación, y volvió a mirar por la ventana. ¿Por qué era tan difícil? Sólo tenía que ir con ella y decirle que le gustaba, ¿por qué su personaje era capaz de hacerlo y no él?

Volvió a mirar las hojas. Las recogió una por una y las volvió a acomodar en el escritorio. Prendió la computadora y releyó la historia que tenía ahí, tal vez lo mejor sería publicarlo, no para que ella lo leyera, simplemente para desahogar toda la tensión que había provocado en él.

Entró a su cuenta y abrió la sección de notas. Era tan fácil, solo copiar y pegar, y cada una de las 4,087 palabras se copiaría de una manera casi instantánea, y entonces al momento de presionar el botón de publicar ya no sería su problema.

Antes de presionar el botón dudó, tal vez no era la mejor opción, ¿qué fin tenía que la gente leyera aquella historia? ¿Por qué tenía que decirle a todos esos “amigos” lo que en realidad sentía? No tenía ningún caso. Cerró la página, esa gente no tenía por qué enterarse de lo que sentía, mucho menos que les importara.

Volvió a acostarse, pero otra vez no pudo dormir, el cuento seguía en su cabeza, los diálogos, los momentos, aquellos dos personajes que intentaron estar juntos pero no pudieron. ¿Sería su historia así si se lo decía? Tal vez, pero de cierta manera sus personajes habían terminado bien, tal vez no volverían a ser amigos, pero se podrían saludar en la calle; no era tan malo ese final, incluso para su propia historia.

Abrió una vez más la página de internet y pegó la historia, después de todo era simplemente una historia, un cuento, no era una declaración de sus sentimientos. Y si las personas llegaban a pensarlo ¿qué importaba? No tenía por qué preocuparse por eso.

Esta vez no dudó y presiono el botón. En un instante el editor de texto se había convertido en una página donde estaba cada palabra de su cuento, y donde en tan poco tiempo cualquiera podría leerlo.

En ese momento entro presa del pánico. ¡¿Cómo se había atrevido a hacer algo así?! ¿En qué momento se había convencido a si mismo de que esa era una buena idea? No lo era, era una pésima idea, no tenía por qué hacerlo, esa gente no tenía por qué importarles lo que el sentía, y el mucho menos tenía que decirlo. Probablemente al día siguiente todos se estarían riendo de su cuento, burlándose de él y de sus sentimientos escondidos por su amiga.

Buscó una forma de eliminar aquella página, quería desaparecerla que nadie la viera nunca, que fuera un cuento sólo para él, que nadie más tuviera acceso a sus sentimientos.

En ese momento un comentario apareció en la página “¡Vaya! Buena historia. Sigue escribiendo”. ¿Era posible? No era burla, no era crítica, le habían dicho que su historia era buena. A los pocos segundos recibió otro comentario “Que buena manera de empezar el día, nada como leer un buen cuento”.

¿Empezar el día? Miró el reloj, eran las 6 30 de la mañana, en menos de una hora tenía que estar en clase.

Vio la página donde estaba su cuento, después de ese otros comentarios empezaron a aparecer, pero no los leyó, apagó la computadora y dejó los papeles en el escritorio. Se tiró en la cama y durmió poco antes de ir a la escuela.

Se sentía bien, en ese momento las ideas que tenía en contra de publicar aquel cuento le parecieron ridículas, escribir era una buena manera para desahogarse.

Ese día sería muy diferente a los demás.

viernes, 27 de enero de 2012

Cosas ciertas, y no tan ciertas


Hoy ha sido un día raro, realmente no se porque.

Empezó bien, luego se puso mal, luego otra vez bien y así durante mucho tiempo hasta que llego el momento en el que inevitablemente me pondría a pensar y terminaría escribiendo aquí. 

Estoy seguro que princesachampi se enojará sí llega a leer esta entrada y sabe que no estoy trabajando en lo que me pidió, pero por el bien de los niños es mejor que primero escriba algo aquí antes de escribir alguna otra cosa.

Saben a veces pienso que la gente no te da el tiempo necesario para conocerte, siempre terminan juzgándote o no se, alejándose antes de tiempo, tomando decisiones que en otro momento no habrían tomado. Pero hasta cierto punto esta bien, quien sabe de cuantas cosas me he salvado o he perdido por las decisiones de otras personas.

¿Nunca se han puesto a pensar, que hubiera pasado sí...? A veces conocemos a las personas en el momento menos indicado, haberlas conocido una semana antes, un mes antes, o incluso un mes después podría hacer que las cosas hubieran sido diferentes. Muchas veces hay personas que debiste de haber conocido antes, otras después, a lo mejor en el momento en el que estuvieras listo para estar con esa persona, suele pasar que no estamos listos para estar con ciertas personas.

A veces esperar no es suficiente. En algunos momentos estas harto de esperar y lo que quieres es que las cosas pasen ¿por qué a los demás si les pasan y a mi no? Supongo que muchos nos hemos hecho esas preguntas. ¿La respuesta? Simple, porque así pasa. En algún momento te va a pasar a ti, no te preocupes, y en ese momento las otras personas dirán ¿por qué a él le pasa eso y no a mí? 

Tampoco es que se vaya a acabar el mundo por no estar con alguna persona, a veces incluso es hasta mejor, me refiero a relaciones, claro que no puedes vivir solo. Conozco muchas personas que han pasado toda su vida solteros y no se arrepienten porque eso era realmente lo que querían. No te preocupes, si las cosas van así es por algo, uno nunca sabe.

Sé que esperan quizás una entrada con un humor un poco más agrio como la pasada, pero creo que tendrá que pasar un poco más de tiempo para que pueda escribir algo así, aunque debo de admitir que lo disfrute, nada como burlarse de las situaciones de la vida de esa manera.

Últimamente he pensado en tantas cosas que hasta me da flojera, cosas que realmente no valen la pena pero aun así me quitan tiempo pensando en ellas.

No quiero escribir sobre corazones rotos, no quiero escribir sobre personas que hacen cosas malas, creo que solo quiero escribir para sentir que estoy haciendo algo productivo.

El otro día estaba escribiendo sobre la indiferencia. Todos sabemos que es la indiferencia, incluso muchos de nosotros la hemos aplicado en algún momento.

Quiero hacer un pequeño paréntesis aquí. Cuando la gente dice cosas como "lo voy a ignorar" o "¿me estas ignorando?" en realidad se están refiriendo a indiferencia no a ignorancia. ¿Por qué? Bueno la indiferencia es no tener sentimientos hacía una persona, ni buenos ni malos; mientras que ignorancia es el simple desconocimiento de algo, es decir, que no sabes que algo o alguien existe. 

Sobre la indiferencia puedo decirles que, aplicada en la cantidad indicada, es un método infalible para hacer que una persona te extrañe y quiera estar contigo. ¿Por qué?

Bueno simple; a las personas les gusta sentirse queridas; si tu haces que una persona empiece a sentir que la quieres le estarás dando lo que quiere, por aquí todo bien. Cuando uno empieza a tratarlos de una manera indiferente la otra persona empieza a querer esa atención que antes tenía pero por alguna extraña razón perdió. Es entonces cuando empieza a obsesionarse con la idea de que la otra persona cambió y quiere regresar a lo que era antes.

La indiferencia funciona porque a las personas les gusta sentirse necesitadas y queridas; cuando una persona que llego a ser especial para ti deja de ponerte la atención que antes te ponía, en ese momento empiezas a necesitar que las cosas vuelvan a la normalidad.

Créanme, por experiencia personal no hay nada que duela más que la indiferencia de una persona que en realidad quiere. Funciona tan bien que a veces hasta me asusta.

El secreto de usar la indiferencia es saber cuando se esta aplicando demasiada y cuando muy poca; y recuerden que no sirve con gente de la que no te has ganado su confianza, incluso en otras ocasiones se tiene que entrar más en la relación para que realmente la indiferencia tenga su efecto.

Volviendo un poco al tema de la entrada anterior, la mejor forma de demostrarle a una persona que has dejado de quererla es siendo indiferente a su presencia. Pasa un día sin contestar mensajes o llamadas a una persona y veras como se ponen las cosas. Las personas solemos ser muy fatalistas cuando sentimos que estamos perdiendo a alguien, y más si pasa todo un día sin contestar y sabes que no lo hace porque no quiere. 

¿Nunca les he platicado de como pasan las cosas en mi vida?

Cuando yo estoy en una relación suelo ser muy intenso, y no se porque muchas veces me pongo a pensar demasiado en las cosas; tengo la teoría de que las cosas que las cosas que se dicen o se hacen no son simplemente porque sí, siempre tienen algo oculto; por lo que siempre trato de analizar las cosas. Esto me ayuda a formarme una imagen, a veces correcta y a veces errónea, de lo que esta sucediendo a mí alrededor.

La mayoría de las veces realmente se lo que esta pasando, sé que me están lastimando, o se los planes que tiene la otra persona para conmigo, pero aun así no me importa y dejo que las cosas sigan su rumbo, por el simple hecho de que estoy bien, aunque sé que probablemente las cosas terminen mal, tanto de mi parte o la de ella, sigo con las cosas como son.

Esperen, ¿que estoy haciendo? Empecé a hablar de la indiferencia, luego seguí con lo que me pasa en las relaciones, ¿qué estoy intentando?

No se, simplemente las cosas han pasado demasiado rápido. Aunque debo de admitir que las cosas que me han pasado últimamente son meramente mi culpa, yo me las he buscado y yo he dejado que pasaran, pero bueno no entraremos en detalles, sé que hace muchos años solía entrar en detalles pero las cosas cambian con el tiempo.

Bueno simplemente, hay veces que uno se siente como que en un inter extraño de su vida, esperando a que algo bueno suceda pero conforme pasa el tiempo te das cuenta de que si quieres que algo bueno pase tienes que hacerlo tu mismo, ¡por favor! las cosas no van a llegar solas de repente, tienes que salir, buscar, conocer personas.

Simplemente quiero que pase algo interesante, que mañana conozca a la chava que se pueda convertir en mi novia. O que conozca un lugar mágico que jamás había imaginado y pase horas en él descubriendo una inspiración que nunca había conocido. Pero supongo que esas cosas nunca existieron, ¡malditas películas!

Sé que mis entradas suelen ser más concisas, de hecho no creo que de muchas ganas de leer este tipo de entradas, pero de vez en cuando tengo que hacer estas cosas para recordar que este blog es meramente una terapia, algo que empecé para desestresarme y en el que descubrí un gran escape de las cosas que me agobiaban, que bueno no puede ser mucho la verdad, no me quejo.

Todas estas cosas de las relaciones son tan complicadas, a veces hasta siento envidia de las personas que están con alguien. ¿Cómo lo hacen parecer tan fácil? ¿Por qué ellos consiguen a alguien? Digo no es que no haya tenido novia, si he tenido; sólo que estos últimos años las cosas no han salido como mi yo romántico hubiera querido. Cuando sé que dos personas están empezando una relación me imagino muchas cosas, ese es uno de los momentos más bonitos de estar con una persona, porque es el momento en el que crees que realmente estas enamorado; en el que esa persona se convirtió en alguien tan especial para ti que eres capaz de darle tu tiempo, tu libertad, un espacio en tu vida para que lo llene, sabiendo que en cualquier momento se puede ir y tal vez lastimarte.

Es curioso, pero se siente bonito, o por lo menos algo así recuerdo, como que el momento en el que la otra persona va adquiriendo importancia en tu vida, las primeras sonrisas cuando vez a la otra persona, o te llama, o te manda un mensaje; esas cosas son lindas, son las que hacen que valga la pena estar con otra persona.

Ese tiempo en el que empiezan a salir solos, en el que ir al cine ya significa algo más, ir juntos a alguna fiesta. No se, todas esas cosas.

Después viene el momento en el que se confiesan que se gustan, a veces con palabras, a veces sin ellas. Yo en mi opinión personal prefiero la segunda, la mejor forma de decirle a alguien que te gusta es demostrárselo no solo decirlo.

Y ya el resto es historia, si las cosas salen bien esa persona se puede convertir en aquella que te haga feliz, tal vez por tres meses, un año, dos años, o quien sabe cuanto tiempo. Incluso puede que tengas la mínima posibilidad de que sea el amor de tu vida; pero no nos vayamos tan lejos todavía.

Bueno cosas cursis ¿no? Todos tenemos algún momento cursi, yo toda mi vida lo he sido, aunque últimamente lo he perdido un poco, lógicamente no va a desaparecer por completo, todavía sigue apareciendo una parte cursi de mi de vez en cuando.

Supongo que esta entrada perdió su sentido pero aun así la publicare. Puntos importantes para pensar:
  • La indiferencia puede hacer enloquecer a las personas
  • El inicio de una relación siempre es bonito, si no lo es entonces no puedes llamarle relación
  • El exceso de cursilería puede matar cualquier cosa
  • Sigue habiendo muchas cosas de que quejarse
Muchas gracias por leerme, en verano de este 2012 el blog cumple sus 5 años que nunca hubieran existido de no haber sido por todos los lectores que se han pasado por aquí, algunos de paso otros que incluso tienen el descaro de volver en algún momento. Gracias.

Nos leemos próximamente con algún tema interesante, o probablemente algún cuento, dejen los termino.

Saludos y hasta luego.

miércoles, 9 de noviembre de 2011

Dos cafés


-Dos cafés, uno de vainilla y el otro así solo, gracias.- El mesero tomó la orden y nos dejó solos.

-¿Entonces?

-¿Entonces qué? Ya sabes todo lo demás, se acabó el día y para la mañana siguiente no era más que una más en la lista.

-Pero entonces si pasó algo.

-Sí, pero eso no cuenta, fue como que algo que nomás pasó y no va a volver a pasar.

-Pero se quedó en tu casa.

-¿Y eso qué? Por favor no significa nada.

El lugar estaba un poco lleno, las voces de las otras conversaciones eran un buen fondo ambiental, junto con la canción que habían puesto. Afuera hacía frío, ese invierno en especial había sido más frío que los demás, pero la gente estaba acostumbrada a las bajas temperaturas por lo que no estábamos sufriendo mucho.

-¿Y qué piensas hacer?

-Nada, seguir adelante, dejar de darle vueltas al asunto y dejarla ir. No puedo quedarme estancado con alguien que se porta así.

-Te gusta.

-¿Qué?

-Te gusta, y mucho, solo que no quieres aceptarlo.

-Vamos, solo fue algo de una noche, curiosidad, puedes decir que solo fui un capricho para ella. Además, te tengo a ti. ¿Qué más puedo pedir?- le sonreí y los dos nos empezamos a reír.

El mesero nos sirvió los cafés y ella se levantó a preparar el suyo. Empecé a tomar del mío cuando vi que había dejado su celular en la mesa. Por azares del destino en ese momento le llego un mensaje. “Rodolfo te ha enviado un mensaje”. Lo mire y no pude evitar sentir un poco de celos, llevaba menos de un mes conociéndolo y ya se llevaban como si se conocieran de hace mucho, pero no me podía quejar de alguna manera así comenzó lo nuestro.

-Te vuelve a buscar tu tipo ese.-le dije cuando se volvió a sentar.

-Llevaba toda la semana sin saber de él.

-Es martes.

-Bueno pero llevaba mucho sin saber que había sido de él.-Agarró el celular y empezó a leer el mensaje.-Me invitó a cenar.

-¿Irás?

-Claro, ¿porque no?-dijo mientras empezaba a contestar el mensaje. No pude evitar hacer un sonido, me molestaba la idea de que ella saliera con él.- ¿Te molesta?

-No, es solo que…

-Es solo ¿qué?-dijo mientras empezaba a sonreír.- No te estarás empezando a poner celoso ¿o sí?

-Un poco.

-¡Jorge! No salgas con eso, desde que empezamos dijimos que nada de celos.

-Pues ¿Qué quieres que haga? Es inevitable.

-¡Ah sí! Pero tú sales con la tipa esa y se queda a dormir en tu casa y yo no puedo decir nada.

-Ya, ya relájate. Sólo te llevas tan bien con él. Así nos llevábamos tú y yo.

-Llevábamos.

-¿Por qué no podemos seguir siendo así?

-Porque ya pasó.

-No pasó.

-Bueno, ya pasamos esa etapa, ahora sólo.

-Ahora sólo somos el plato de segunda mesa del otro.

-No lo digas así, suena…suena feo.

-Pero así es ¿no?

-No exactamente, hay muchas veces que salimos juntos.

-Sí pero de qué sirve si al día siguiente sales con este tipo.

-Y tú con cualquier chava que te haga ojos bonitos en la escuela.

-¡Ay, ay! Ni que fuera un mujeriego o algo así.

-No lo eres, pero bien que intentas.

-Claro que no, solo me llevo muy bien con las personas.

-Ya como quieras.

Tomé de mi café, ella estaba un poco molesta tenía la mirada perdida en la ventana, sabía que ese “Ya como quieras” en realidad significaba mucho más, pero no quería decirlo.

-No es para tanto, ve con él y pásatela bien.

-Ya no voy a salir con él.

-¿Por qué?

-Porque te molesta, no quiero hacer cosas que te molestan.

-¿En serio? ¿Y desde cuando piensas tanto en mí?

-Desde que empezamos esto, sino recuerdas.

-¿Qué empezamos? Nunca empezamos nada, las cosas solo se dieron y ya.

-Pero se dieron bien.

-Sí, pero eso no significa nada.

-Claro que sí, significa que hay algo.

-Pero no estamos dispuestos a estar juntos.

-¿Ah no?

La miré, ahora si me miraba a los ojos, había algo diferente en su mirada, sus ojos brillaban como si estuvieran a punto de llorar. Llevábamos varios meses saliendo, y las cosas sólo se habían dado, no estábamos seguros de si podíamos estar juntos pero aun así lo habíamos intentado.

-¿Qué quiere decir eso?

-Nada, es sólo que, a veces me gustaría estar contigo bien.

-Pero estamos bien.

-No ese tipo de bien. Me refiero a estar. Despertar y saber que en tu casa tú despiertas y piensas en mí así como yo en ti. Ir a la escuela sabiendo que si estas sentado en una mesa haciendo tarea puedo llegar, abrazarte y darte un beso sin que nos vea alguna de las chavas que te gustan. Poder ir juntos a cualquier parte, salir como dos personas que están juntos. Quedarme en tu casa a ver películas y poder quedarme a dormir.

-¡Vaya! Eso que dices suena tan…tan…tan cursi Daniela, por favor.

-Yo sé que es cursi, pero a veces me gustaría.


-¿Para qué? ¿Para que puedas ponerlo en Facebook y que tus amigas le pongan “me gusta” y te pongan cosas como “Se ven bien lindos juntos”, “que padre amiga” o esas cosas tontas que se ponen? ¿Para que puedas decir frases que incluyan “Mi novio”? No Daniela, por favor no hay que poner etiquetas o formalizar nada.

-No estoy diciendo que le pongamos etiquetas, solo compromiso.

-¿Compromiso? Por favor has salido con cinco tipos diferentes en lo que llevamos saliendo, y esos son los que me he enterado.

-¿Y tú?

-¿Yo que? La chava de ayer fue una, y antes de ella no hubo otra. Rechacé dos veces a la chava que más me gustaba todo porque estaba contigo. Le dejé de hablar a mi ex novia porque ya estaba contigo. ¿Quieres algo más?

Soltó una pequeña lágrima que rápidamente se limpió con la manga de su chamarra.

-Quiero estar contigo.

-Eso ya lo tienes.

-No entiendes, quiero estar contigo.

-Si entiendo, pero es algo que no estamos listos para hacer.

-¿Por qué no?

-No sé, simplemente no estamos listos.

Le agarre la mano y le sonreí, ella sujeto mi mano fuerte y también sonrió.

-Se me enfrió el café.-Dijo riéndose un poco.

-A mí también.-levanté la mano para pedir la cuenta.-Vámonos.

-¿Qué vamos a hacer?

-Supongo que estar juntos, ¿no?


viernes, 30 de septiembre de 2011

Un café


No podía recordarlo con facilidad, era como si simplemente no hubiera pasado, como si fuera el recuerdo de otra persona y él solo lo estuviera tratando de recordar. Se sentía tan lejano e irreal que el solo hecho de tratar de traerlo al presente parecía un proceso complicado. Recordaba escenas fugaces, una noche, una historia, una pelea, pero nada concreto.

Miró su vaso, no había tomado mucho de su café, aún se sentía caliente el vaso y lo sujetaba fuerte con una mano. Tenía la mirada fija en la puerta y veía como a través del vidrio seguía cayendo nieve en la calle. El cielo seguía siendo gris hasta donde le alcanzara la vista y el frio podía verse desde su lugar. El reloj marcaba cinco para las seis, después de verlo se acercó el café a los labios.

Se esforzó un poco más para recordar, pero le parecía algo imposible. La recordaba a ella, de eso si estaba seguro. Sus dientes blancos, su sonrisa contagiosa, sus labios rosas, su nariz pequeña, y sobre todo los puntos que alrededor de sus mejillas formaban unas pequeñas pecas. Recordaba sus ojos, grandes, atentos a todo lo que sucedía cerca de ella. Recordaba haber estado con ella en algún momento perdido entre los años de preparatoria. En su mente existía la idea de que llegó a ser una persona importante y que por azares del destino habían estado juntos.

Recordaba el antes de todo eso. Los años de secundaria, de preparatoria, las fiestas, los bailes. Recordaba el después, separaciones, decisiones, despedidas, graduación. Pero no podía recordar ese durante, no lograba llegar a su mente de ninguna manera.

Levantó la cabeza y vio el lugar vacío en frente de él, el reloj y por último la puerta. El local no era muy grande por dentro, había siete mesas colocadas de una manera casi estratégica. Dos de ellas estaban ocupadas, la primera por una pareja que discutía en voz baja para no llamar la atención, en la otra una mujer que tomaba café mientras leía un pequeño libro negro.

Pudo recordar la última vez que la vio. Claro que para ese entonces ya eran únicamente amigos, y ella ya había salido con otras personas, aunque él seguía aferrado a lo que en su tiempo fue. Era una noche de verano y estaban en una boda. Habían ido separados como era de esperarse, pero por alguna razón terminaron hablando toda la noche. Una conversación sin rencores, ni sentimientos encontrados; comentarios graciosos, burlas, risas y la promesa de volver a salir algún día.

Tuvieron que pasar dos años para que esa promesa se volviera realidad, y ahora él estaba sentado expectante a que ella cruzara aquella puerta.

Volvió a mirar el reloj, pasaban ya diez minutos de la hora que había dicho, se volvió a acercar el café a los labios y bebió un poco. Trato de recordar su primer beso con ella, aunque no lograba sentirlo como un recuerdo suyo tenía una vaga imagen de una historia, como si lo hubiera visto en una película o leído en alguna parte. No tenían mucho de estar saliendo, era un día de inicios de otoño o por lo menos algo así recordaba. Habían estado juntos todo el día pero no lo habían planeado de esa manera. Se conocían desde varios años atrás, pero hasta ese momento no se habían dado una oportunidad. Era de noche ya, y aunque no lo habían planeado se habían quedado solos.

Mientras iban en el carro él pensaba en besarla pero no encontraba el momento para hacerlo. Tampoco se sentía de cierta manera seguro de que podía hacer eso. Cuando llegaron a su casa ella tardo para despedirse. Se quedaron platicando en el carro de cualquier cosa, parecía que era la primera vez que salían solos. Él se bajó, le abrió la puerta y la acompaño hasta la puerta. Ella lo miro, se acercó, le dio las gracias y lo abrazó. Él la abrazó y al momento de separarse y despedirse la comisura del labio de ella rozó ligeramente la de él, ambos sintieron los labios del otro y se separaron sin estar seguros de si había sido un beso o no. Ella lo miro y se acercó un poco más, él hizo lo mismo y sin darse cuenta sus labios ya se habían encontrado. Esta vez estaban los dos seguros de que era un beso, su primer beso.

Miró su café, el sonido de la puerta lo hizo voltear, pero no era ella. Un señor de unos cuantos años entró y detrás de él la calle seguía vacía. El reloj marcaba ya 20 minutos más de la hora que habían acordado. Trató de mantener la calma y le dio otro trago a su café.

Tal vez se había precipitado mucho. Tenía dos años sin verla, quizás haber hablado bien con ella antes de invitarla, se dejó llevar por el momento. La había encontrado en una tienda, la coincidencia los llevó ahí. Cuando la vio no pudo evitar sonreír un poco, y ella hizo lo mismo.  Se saludaron y después de hablar un poco él la invitó a ir por un café el jueves. Ella aceptó y quedaron así, de una manera informal, sin darse números de teléfono, sin nada.

Siguió tratando de recordar algún otro momento con ella, venían a su mente algunas discusiones. No era común que discutieran, en realidad habían tenido que pasar varios meses para que tuvieran su primera discusión. De cierta manera siempre estaban de acuerdo en las mismas cosas, y cuando algo no parecía estar bien lo resolvían sin problemas. Pero un día simplemente no pudieron y empezaron a gritarse el uno al otro, el tema de la discusión no importaba, era la primera vez que se decían palabras de ese tipo el uno al otro. No paso a más pero el efecto de la primera discusión quedo durante un tiempo.

Miró la puerta y vio entrar a una pareja agarrados de la mano. Quizás su relación no había sido tan perfecta como él recordaba. En su mente vagaba una idea de haber tenido una de las relaciones más perfectas de su historia. Pero no estaba seguro si realmente había sido así o si eran simplemente una combinación de una relación real con escenas de comedias románticas, canciones e historias que había escuchado en alguna parte.  De cierta manera después de tanto años había perfeccionado los malos detalles de ese tiempo para convertirlos en lo que a él le gustaba recordar de vez en cuando, y esperar encontrar a alguien que lo hiciera sentir de la misma manera que ella.

Bebió otra vez de su café, estaba empezando a enfriarse. Dejó de ver el reloj y la puerta. Una pequeña idea de que tal vez no llegaría empezó a hacerlo sentirse un poco inquieto. Se habían prometido aquella salida y era su momento para demostrarle que todavía sentía algo por ella, que después de ese tiempo y de las personas con las que había estado ella seguía siendo la más importante.

Llegó a su mente el recuerdo de cuando ella se separó por primera vez de él. O más bien de cuando ella dejo de confiar en él, lo que significaría el fin de su relación. Habían pasado ya varios meses, ocho para ser exactos. Su relación, aunque había tenido sus altas y bajas, seguía siendo tan estable como siempre, las discusiones no eran tan frecuentes pero habían dejado de ser un momento desconocido para ambos.  A pesar de que a lo largo de la relación ambos seguían saliendo con amigos y amigas las cosas nunca se habían complicado hasta aquel día.

Era un viernes por la noche y él había salido con varios amigos. Conoció a una chica aquella noche y después de hablar con ella durante toda la fiesta se ofreció a llevarla a su casa. No estaba muy seguro de lo que había pasado pero al día siguiente ella parecía haberse enterado. Reaccionó de una manera muy tranquila pero eso no evitó que le pidiera dejar de salir.

Los primeros días después de eso él no podía creer lo que había pasado, pero después de unas semanas siguió su vida, así como había visto a ella hacerlo como si nunca hubiera pasado nada y como si en realidad nunca hubieran estado juntos.

Pasaron muchos meses hasta que se volvieron a ver, y aunque él seguía sintiendo algo por ella no pasaría nada, o por lo menos eso pensaba él. Por alguna extraña razón un día se quedaron solos, y sin darse cuenta se volvieron a besar. Pero después de haberse besado él notó cierto arrepentimiento en la expresión de ella. Esa no sería la última vez que llegará a pasar eso pero él sentía que realmente ella se arrepentía de que esas cosas pasaran.

Bebió de su café mientras veía por la ventana, la nieve ya había parado pero las calles seguían tapizadas de blanco. Por la calle se veía  a la gente abrigada caminar, se notaba claramente el humo de su aliento cada vez que exhalaban. Los carros pasaban por la calle con precaución, aunque ese era el tercer año consecutivo que nevaba la gente seguía sin estar acostumbrada a manejar en la nieve.

Al final de ese año fue la última vez que estarían juntos como pareja y después de eso cada quien saldría con diferentes personas. Estaban seguros de que no podían seguir juntos, ella simplemente no confiaba en él. La relación había dejado de ser lo que era y simplemente era una sombra de lo que un tiempo fue. Después de haber estado juntos ocho meses y saliendo un mes se separaron de una manera casi definitiva.

Pasó un año hasta que se volverían a ver pero esta vez ya sin rencores, sin ideas de estar juntos otra vez. En esa boda sería la última vez que la vería, y seguía sin estar seguro de si realmente sentía algo por ella.

Dio un trago a su café y soltó un suspiro. Aquellos recuerdos le hacían entrar en cierto estado de melancolía, o tal vez había sido el café. Pero sentía un extraño vacío en el estómago.  

Habían pasado dos años después de eso y su vida se había normalizado de cierta manera. En todo ese tiempo había sabido muy poco de ella, chismes que de vez en cuando le decían pero no estaba muy seguro de si eran ciertos o no. De cualquier manera había perdido gran importancia en su vida. De vez en cuando recordaba algo de aquella relación pero conforme pasó el tiempo esos recuerdos se volvían imágenes combinadas.

Ese día que la vio en la tienda parecía tan diferente, en algún momento pensó que ella se había emocionado igual que él por verlo, pero fue simplemente una idea que él mismo creo, parecía feliz sin duda, pero feliz por encontrarse con alguna vieja amistad, era como si hubiera olvidado lo que había pasado, como si ese tiempo juntos en realidad no hubiera pasado ni importado.

Dio un último trago a su café, miro por la ventana y vio la calle vacía. Agarro sus cosas de la mesa, tiró el café a la basura y abrió la puerta. Afuera hacía mucho frio y aunque el reloj marcaba las 6 con 53 minutos el salió con una gran sonrisa pintada en su rostro.

sábado, 17 de septiembre de 2011

Después de tanto tiempo


Para ser sincero no me gustan tanto los días lluviosos, pero tengo que aceptar que tienen cierto efecto en las personas, y en mi la mayoría de las veces me dan un poco de inspiración. Eso y que cambiaron la interfaz de blogger por lo que ahora hasta se me antoja escribir. Pero fuera de eso sé que tenía mucho tiempo sin escribir.


Sobre las cosas que han pasado puedo decirles que todo es muy diferente ahora, puedo decir que después de este verano pasaron cosas suficientes como para que me diera cuenta de que realmente deje de ser una persona romántica.

Me encontré con una parte de mi pasado que puedo afirmar que es y sigue siendo muy importante para mí, y yo sé que después de tanto tiempo suena bien ridículo y patético, pero bueno uno nunca decide esas cosas y bla bla bla, cosas cursis de ese tipo.

Pero bueno, el punto es que estos días ha llovido mucho, y como es puente pues entonces me la he pasado en Delicias, que para los que no sepan es mi tierra natal, no le voy a decir pueblito pero voy a decir que es una ciudad chica, un poco más chica de lo normal, pero sigue siendo ciudad.

Hace rato que deje las mega entradas en una idea de que eso me ayudaría a escribir más, pero simplemente no me he dado el tiempo, que antes me daba, para sentarme a escribir en el blog. Y de hecho he descuidado todos mis demás proyectos. Hace meses que no abro el archivo de la historia de 50 páginas que tenía escrito, tengo como 20 cuentos sin terminar, y ahorita mismo empecé otra historia que espero vaya para largo, pero siento que estoy haciendo muchas cosas pero en realidad no estoy terminando nada. Estos días he estado medio raro, no sé cómo si todo me molestara. Descubrí que a veces piensas que una persona es especial y que puede cambiar, pero de alguna manera siempre encuentran la forma para decepcionarte.

A través de estos años he descubierto que las personas en realidad no van a cambiar por ti, a lo mejor pueden evitar ciertas actitudes pero realmente es muy difícil que cambien solo por otra persona. Esa es una de las muchas definiciones de amor, o por lo menos eso he escuchado por ahí. Que el amor es cambiar para que la otra persona sea feliz. Pero entonces eso sería contradictorio, porque si la persona te ama y tú cambias entonces no eres la persona de la que se enamoró; pero bueno supongo que simplemente no vale la pena desgastarse tratando de definir algo como eso.

Puedo decirles que nunca esperen que una persona cambie por ustedes. Como ya les dije en algún momento hace mucho que deje de esperar que pasaran cosas buenas. Cuando uno espera a que pasen cosas buenas pueden pasar dos cosas:
·            Esa cosa buena que nos imaginamos llega a pasar, entonces no nos sorprendemos aunque nos gusta que haya pasado. Lo disfrutamos de una manera un poco mayor porque como realmente creíamos que iba a pasar entonces nos preparamos para lo que se vendría después.
·            En caso de que esa cosa no pase entonces la desilusión es doble, una porque no paso y otra porque realmente esperábamos que pasará. Entonces cualquier cosa que pase, aunque sea buena pero no del nivel de lo que imaginábamos, no va a ser suficiente para mantenernos satisfechos.
Es por eso que decidí que dejar de esperar a que cosas buenas pasen es la mejor opción. Me considero una persona que puede ser buen partido, y es por eso que durante muchos años creí que encontraría al amor de mi vida en alguna situación romántica. O esperaba que alguna chava se diera cuenta de repente que le gusto y que podemos hacer muy buena pareja. Y pase un par de años haciendo eso, esperando a que alguien se diera cuenta de que ella era la persona perfecta para mí. Hoy deje eso a un lado, ahora lo que hago es dejar de esperar esas cosas, buscar un poco y si no sirve dejar de hacerlo, a fin de cuentas uno no siempre está hecho para estar con alguien o para tener a alguien a su lado.

Realmente eso del amor de tu vida es una definición un poco curiosa, porque realmente no puede existir una persona para cada uno de nosotros, realmente no existen ni siquiera el número de personas suficientes para hacer eso. De igual manera a veces se siente bien estar con una persona especial.

Si me siguen por twitter pueden pensar que últimamente he andado un poco enamorado, pero puedo desmentirlos. Sí hay una persona especial y todo pero creo que no es ese amor romántico que sentía hace tiempo, no sé si porque yo cambie o las cosas son diferentes pero el punto es que hay algo que no me tiene cómodo.

A veces suele pasar que realmente no nos sentimos cómodos con alguna persona, podemos salir con ellos y hablar bien y todo pero hay algo que nos impide estar en una relación con esa persona, la mayoría de las veces ni siquiera sabemos por qué. Pero de igual manera intentarle siempre es bueno.

Hace poco llegue a la conclusión de que muchas personas con las que voy a salir en realidad nunca voy a terminar con ellas, pero de igual manera me gusta volverme un buen recuerdo, aquella persona que cuando se acuerden de mi sonrían porque realmente los momentos que pasamos juntos despiertan en ellas ese sentimiento, el de sonreír solo por un recuerdo.

Y es por eso que yo trato de encontrar algo bueno de cada relación que tengo (ya les he hablado de eso antes ¿verdad?). Siempre que se termina una relación con alguna persona trato de buscar las cosas que realmente valen la pena, aquellos recuerdos que esas personas me dejan y que de cierta manera me van a preparar para conocer a aquella persona que realmente será muy especial para mí. Aunque tengo que admitir que en algunas ocasiones las cosas que me dejan son cambios para mal y no para bien, en otras ocasiones simplemente son cambios, que no se pueden catalogar como malos ni como bueno, simplemente cosas que dejan de ser como siempre han sido que hacen que todo parezca diferente.

Es cierto que últimamente deje de ser la persona romántica que era antes, supongo que a eso se debe la falta de entradas y de inspiración para escribir, a que simplemente deje de ver muchas cosas con ojos de enamorado, deje de ver las cosas como aquella persona que espera encontrarse al amor de su vida en algún restaurant, o que espera que en alguna clase encuentre a aquella persona que nunca había visto y que a partir de ese momento se convertirá en la persona más especial. También he notado ese cambio en los cuentos que escribo, simplemente mis historias dejaron de ser románticas, ahora simplemente son historias.

En algún momento de estos años descubrí que uno no tiene por qué estar prestando sus sentimientos a cualquier persona que creamos que se puede convertir en alguien especial. Aprendí a volverme un poco más selectivo. Aunque debo de admitir que de cierta manera eso me ha alejado de algunas personas, pero descubrí que realmente a veces es mucho mejor estar lejos. El problema es que desde que aprendí ese nuevo método para ser más selectivo con las personas que me gustan ahora me han gustado mucho menos. Digo antes según yo encontraba al amor de mi vida dos veces por semana, ahora es difícil que diga que alguien es el amor de mi vida.

Hace unos meses me atreví a darle esos sentimientos a una persona, sí sí y pensé que regresaría mi parte romántica, y al principio parecía así. Después pasaron unas cosas que realmente mataron toda esa parte mía, entonces deje de ser esa persona romántica, me convertí en la parte de la relación que siempre he criticado. Y aunque me lastimaron sigo queriendo a esa persona, pero es algo extraño porque después de tanto tiempo sin darle mi "corazón" a nadie escojo a una persona que no supo qué hacer con él, y que termino lastimándolo de una manera que no habían hecho antes. Y si eso me hubiera pasado hace dos o tres años créanme que hubiera hecho el mayor drama del mundo, y hubiera escrito miles de entradas de eso, y hubiera puesto estados en Facebook y muchas cosas. Ahora simplemente sonreí y dije, ya lo sabía. Las cosas dejaron de sorprenderme, y realmente de alguna manera siempre espero lo peor de las cosas.

Dicen que si haces cosas buenas eso te pasará. Pero también dicen que si piensas cosas malas eso es lo que atraerás. Y bueno yo siento que a mí me pasan esas dos cosas, y aunque hace rato que intento dejar de decirle Karma (porque en realidad el karma es una ente mucho más grande que esas cosas) pero yo creo que de esa manera muchas personas podrán visualizar a lo que me refiero. Y tengo que decirles que por más supersticioso que se escucha, lo he puesto en práctica y realmente ha funcionado.

Ahora ya no espero que las cosas salgan bien, y realmente deje de buscar al amor de mi vida, o lo que quiera que sea. Supongo que es simplemente que no he encontrado a la persona indicada, o tal vez ya la encontré pero por cosas que han pasado no estoy con ella, o yo que sé. Simplemente quiero seguir escribiendo, que volver a ser aquella persona que podía escribir cosas sin sentido alguno, no se algunas veces somos capaces de extrañar partes de nuestro pasado a pesar de que sabemos que en realidad nunca volverán, díganmelo a mí.

Así que ahora me siento una persona diferente, ya no me despierto pensando que encontrare al amor de mi vida. Aunque sigo twitteando cosas sobre eso, y sigo diciendo mis comentarios románticos, pero la diferencia es que antes yo mismo me los creía, y ahora simplemente los digo porque se volvió algo casi inconsciente para mí. Y eso ocasiona que algunas personas que están cerca de mí se confundan y piensen cosas que no son. O se molesten por cosas que realmente nunca pasaron, o no están pasando. Simplemente soy una persona que se quedó con la costumbre de decir cosas románticas de repente.

Pero no sé, algunas veces siento que simplemente es algo temporal, y que en cualquier momento aparecerá la persona indicada que me vuelva a hacer que sea la persona que era antes. Pero eso de vivir en el pasado me tiene harto, últimamente mi pasado se ha instalado en mi presente, y personas que yo creí que ya no tenían nada que ver conmigo entran para confundirme.

Saben que es lo peor de todo. Muchas veces yo creo cosas que realmente no son. A veces hay cosas que para mí son muy importantes pero que realmente para esa otra persona no lo son., Me ha pasado últimamente, con cierta persona en específico. Yo sé que era persona realmente no hace las cosas de la manera que mi mente las piensa, pero aun así para mi es imposible imaginarme otra cosa que no sea eso, simplemente no puedo evitarlo, como les dije se convirtió en algo inconsciente para mí y simplemente lo pienso sin darme cuenta. Aunque ya no me lo creo, pero primero lo pienso, y después me digo que realmente no es como yo lo pienso, que para esa persona en realidad no significo nada esa conversación que tuvimos, o ese momento que pasamos juntos, o el habernos visto, o cualquier cosa.

Supongo que esta entrada esta como muy escrita al aire, y realmente no habla de nada, tiene mucha paja, pero espero que les guste o por lo menos que les haya servido de algo. Escribo para desahogarme pero que mejor que ayudar a otras personas mientras yo mismo me desahogo, es ganar-ganar.

Tratare de subir alguno de los cuentos que tengo, hay uno que termine pero tengo que limpiarlo un poco antes de poder subirlo aquí, si ven que pasa mucho tiempo y no lo hago recuérdenme que a veces se me olvidan las cosas.

Gracias a todos los que, a pesar de mi irregularidad, siguen leyendo mi blog, siempre es bueno saber que hay personas que les gusta leer esto. Créanme que a mí me gusta mucho escribirlo.

Saludos y nos seguimos leyendo.