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lunes, 26 de marzo de 2012

Un día muy diferente


Terminó de redactar la historia después de una noche completa de trabajo.

Soltó el lápiz y lo dejo a un lado del cuaderno. Prefería escribir sus historias de la manera antigua. Para él tenía más significado una historia escrita con la propia mano; tenía la idea de que el formato digital solo hacia perder el verdadero sentimiento que se tiene cuando se escribe una historia. A la que le das tu propio pulso con el lápiz, y con el que puedes imprimir las emociones que tienes en el papel.

Era una historia corta, no eran mas de 10 paginas pero para el tenían un significado especial. Siempre había admirado  a las personas que escribían, y se lamentaba de que el no tuviera esa habilidad, sin embargo lo intentaba de vez en cuando. Siempre dejaba las historias a medias, muchas veces ni siquiera podía empezar a escribir porque se distraía o se desesperaba cuando no le llegaba ninguna buena historia a la cabeza.

Releyó las páginas. Sentía cierta emoción cuando se daba cuenta de que había podido plasmar sus ideas de tal manera que cualquier persona pudiera entenderlas y sentirlas.

De repente un miedo intenso se apodero de él. Si alguien llegaba a leer eso se enteraría de sus sentimientos. En ese momento la idea de hacer eso público lo hizo apenarse. Se puso rojo mientras veía las letras escritas con lápiz. Se imagino a su padre leyendo la historia y reprobando sus sentimientos, a su mejor amigo burlándose de lo que había escrito, y peor aun, a ella riéndose de las cosas que estaban en ese papel.

Pensó en destruirlo. ¿Cómo podía haber gente que publicara esas cosas sin que le importara lo que pensaran de ellos? Se molestó consigo mismo por haber pensado si quiera en la idea de hacer eso público. Tenia que destruirlo. Pero, ¿cómo destruiría su única historia completa escrita? No podía hacer una cosa como esa, tal vez seria mejor esconderlo en alguna parte donde supiera que nadie lo leería.

Empezó a caminar por su habitación con las hojas en la mano, pensando cual seria el mejor lugar para guardar ese que seria su mayor secreto. Tendría que ser un lugar inteligente, algo donde pudiera guardar otras historias si en algún momento se volvía a inspirar como esa noche.

Miro los cajones de su cuarto, su cama. Todos esos lugares eran tan típicos que cualquier persona los encontraría. De igual manera sentía que ningún lugar sería lo suficientemente bueno como para esconder ese secreto. Sentía que las hojas que tenía en la mano podrían ser descubiertas en cualquier momento por alguien, era como si sólo por ser un secreto las posibilidades de que lo encontraran aumentarán.

Entonces se le ocurrió la idea. Debía d esconderlo entre más papeles, para que pareciera algo sin importancia. Pero entonces una pequeña idea lo hizo cambiar de opinión ¿Y qué si su madre algún día limpiando su cuarto se encontraba con los papeles y decidía tirarlos?  No, esa no era la solución.

Miró su computadora. Quizás si lograba escribirlo y convertirlo a un formato digital sería más sencillo ocultarlo, de esa manera podría guardarlo en la carpeta más escondida de su computadora y tendría acceso a él cuantas veces quisiera.

Se sentó rápidamente y escribió cada palabra justo como la había escrito en el papel. No quería pasarlo a la computadora pero al parecer era la única forma de esconder por completo aquella historia que guardaba su mayor secreto. Lo escribiría todo, lo guardaría en su computadora y después podría destruir aquellas hojas.

Después de una hora de trabajo logró redactar su historia en la computadora, y hasta aprovechó el momento para hacerle unas cuantas modificaciones que mejoraban la historia.

Vio con orgullo las 3, 756 palabras que conformaban su historia, ahora en la computadora eran menos páginas que las que había escrito a mano, pero seguía siendo algo muy aceptable.

Releyó la historia, a fin de cuentas no era tan mala, y era su mejor trabajo, de hecho era su único trabajo completo, no podía simplemente esconderlo, ¿pero que podía hacer con él? Pensó publicarlo en alguna parte, pero no conocía ningún lugar.

Abrió rápidamente el internet y busco. Facebook, no, mala idea, cualquiera podría leerlo ahí, y eso era exactamente lo que no quería.

Se levantó de su silla y miró por la ventana, a pocas casas de la suya vivía aquella mujer que lo había inspirado a escribir cada una de esas páginas, pero ella no debería de leer ninguna de esas palabras, podría destruir su vida.

Volteó hacía la computadora, ahí mismo estaban las hojas. Corrió y las agarró, como si haberlas dejado esos pocos minutos en su escritorio podía hacer que alguien más las leyera.  

Se volvió a sentar, pasando las hojas de cuaderno donde su letra sucia relataba aquella historia de como un chico se enamoraba de una chica que no lo quería, y que con el tiempo se convertían en amigos, pero sin que ella sintiera algo especial por él.

No podía negar que la historia estaba basada en casi todo lo que le había pasado a él. El final del cuento era lo que el deseaba, un final perfecto para aquella relación. O tal vez no. Pensó durante un tiempo, tal vez las cosas no serían tan perfectas como decía su cuento.

Leyó las últimas tres páginas, y se dio cuenta de que el final no era tan bueno como había esperado, era un final demasiado feliz y perfecto, y de alguna manera hacía parecer que ni siquiera valía la pena escribir la historia, porque todos podían imaginárselo. Tenía que cambiarlo.

Abrió de nuevo el archivo donde tenía el cuento en su computadora y empezó a teclear. Las ideas fluyeron solas, no tenía en realidad el final en mente pero conforme desarrolló esos últimos momentos donde la historia empezaba a morir un final diferente se le ocurrió.

Volvió a leer el cuento completo, ahora parecía una historia diferente. El final le daba ese toque especial que no se había dado cuenta que le hacía falta.

Miró el reloj, eran las 4 de la mañana, no faltaba mucho para que empezara a amanecer.  Pero el cuento seguía ahí, esperándolo a que hiciera algo más con él.

Ahora que la historia era diferente tal vez ya no importaría tanto que alguien más la leyera, de cualquier manera las cosas se escriben para ser leídas.

En ese momento volvió a imaginar a sus amigos leyendo la historia; los veía a todos burlándose de la historia tan mediocre que había escrito. Luego la imaginó a ella leyendo y preguntándole si era una historia de verdad, o peor aún, que a pesar del cambio supiera que se trataba de ella.

Cerró el documento y apago la computadora. No podía seguir viendo eso. Se tiró a la cama, pero no durmió, no podía ni quería hacerlo. Ese cuento seguía dándole vuelta en la cabeza. Tal vez hubiera sido mejor idea destruirlo desde un principio y dejar de preocuparse por él.

Se volteó y miró al techo, ¿por qué había empezado a escribirlo? Recordó que la había visto en la escuela, pero era diferente, ese día tenía pensado decirle que le gustaba. Pero no pudo, algo lo detuvo, miedo. Miedo a que lo rechazara. Llego a su casa enojado consigo mismo por no poder haberle dicho una cosa como esa, y por eso se había puesto a escribir, para que su personaje si pudiera hacerlo, para que la persona en esa historia fuera capaz de tener todo el orgullo que él no tenía.  Y para que esa chica del cuento no lo rechazara y se fuera con él. O por lo menos en la versión original, porque después del cambio que le hizo las cosas terminaban de una manera diferente.

Se volvió a levantar y vio las hojas una vez más. Tal vez lo mejor era darle la historia a ella, podría ser su forma de decirle que le gustaba. Pero la simple idea de verla leyendo eso lo hizo ponerse rojo.

Tiro las hojas por la habitación, y volvió a mirar por la ventana. ¿Por qué era tan difícil? Sólo tenía que ir con ella y decirle que le gustaba, ¿por qué su personaje era capaz de hacerlo y no él?

Volvió a mirar las hojas. Las recogió una por una y las volvió a acomodar en el escritorio. Prendió la computadora y releyó la historia que tenía ahí, tal vez lo mejor sería publicarlo, no para que ella lo leyera, simplemente para desahogar toda la tensión que había provocado en él.

Entró a su cuenta y abrió la sección de notas. Era tan fácil, solo copiar y pegar, y cada una de las 4,087 palabras se copiaría de una manera casi instantánea, y entonces al momento de presionar el botón de publicar ya no sería su problema.

Antes de presionar el botón dudó, tal vez no era la mejor opción, ¿qué fin tenía que la gente leyera aquella historia? ¿Por qué tenía que decirle a todos esos “amigos” lo que en realidad sentía? No tenía ningún caso. Cerró la página, esa gente no tenía por qué enterarse de lo que sentía, mucho menos que les importara.

Volvió a acostarse, pero otra vez no pudo dormir, el cuento seguía en su cabeza, los diálogos, los momentos, aquellos dos personajes que intentaron estar juntos pero no pudieron. ¿Sería su historia así si se lo decía? Tal vez, pero de cierta manera sus personajes habían terminado bien, tal vez no volverían a ser amigos, pero se podrían saludar en la calle; no era tan malo ese final, incluso para su propia historia.

Abrió una vez más la página de internet y pegó la historia, después de todo era simplemente una historia, un cuento, no era una declaración de sus sentimientos. Y si las personas llegaban a pensarlo ¿qué importaba? No tenía por qué preocuparse por eso.

Esta vez no dudó y presiono el botón. En un instante el editor de texto se había convertido en una página donde estaba cada palabra de su cuento, y donde en tan poco tiempo cualquiera podría leerlo.

En ese momento entro presa del pánico. ¡¿Cómo se había atrevido a hacer algo así?! ¿En qué momento se había convencido a si mismo de que esa era una buena idea? No lo era, era una pésima idea, no tenía por qué hacerlo, esa gente no tenía por qué importarles lo que el sentía, y el mucho menos tenía que decirlo. Probablemente al día siguiente todos se estarían riendo de su cuento, burlándose de él y de sus sentimientos escondidos por su amiga.

Buscó una forma de eliminar aquella página, quería desaparecerla que nadie la viera nunca, que fuera un cuento sólo para él, que nadie más tuviera acceso a sus sentimientos.

En ese momento un comentario apareció en la página “¡Vaya! Buena historia. Sigue escribiendo”. ¿Era posible? No era burla, no era crítica, le habían dicho que su historia era buena. A los pocos segundos recibió otro comentario “Que buena manera de empezar el día, nada como leer un buen cuento”.

¿Empezar el día? Miró el reloj, eran las 6 30 de la mañana, en menos de una hora tenía que estar en clase.

Vio la página donde estaba su cuento, después de ese otros comentarios empezaron a aparecer, pero no los leyó, apagó la computadora y dejó los papeles en el escritorio. Se tiró en la cama y durmió poco antes de ir a la escuela.

Se sentía bien, en ese momento las ideas que tenía en contra de publicar aquel cuento le parecieron ridículas, escribir era una buena manera para desahogarse.

Ese día sería muy diferente a los demás.

viernes, 30 de diciembre de 2011

Como romper un corazón en 4 pasos


Cuatro veinticinco de la mañana y aquí estoy escribiendo una entrada, que no estoy seguro pero casi creo que será la última del año. Como ya es costumbre, y supongo que lo han leído en todas partes, el tiempo ha pasado demasiado rápido y nos encontramos ya en las últimas horas del 2011, un año que pues bueno es imposible englobar todo lo que pasa en un año en pocas palabras así que cada quien tendrá sus ideas de lo que fue el año.

Pero bueno como es cierto en estas fechas todos miramos un poco hacía atrás viendo que fue lo que hicimos en todo el año, y lo más importante es usar eso para mirar hacía delante y seguir mejorando en la vida y esas cosas cursis que las personas suelen decir en estas épocas del año.

Pero bueno el real motivo por el que estoy aquí es para escribir una corta y sencilla guía para romper el corazón. Basándome en experiencias personales, así como ayuda de una amiga (que en algún momento llego a ser ex novia) he logrado resumir todo lo necesario para romper un corazón en cuatro sencillos pasos. 

NOTA: Úsese esta guía de la manera que usted quiera, yo la escribo para aquellas personas que quieran defenderse en algún futuro, en caso de que usted quiera romper un corazón piense bien las cosas antes de hacerlo, recuerde que esta jugando con los sentimientos de una persona, y uno no sabe cuando se pueden regresar las cosas. NO HAGA A LOS DEMÁS LO QUE NO QUIERE QUE LE HAGAN A USTED.

1 Gánese su confianza

El punto más importante de todos al momento de romperle el corazón a alguien es ganarse su confianza. Es importante, la confianza es difícil de conseguir y muy fácil de perder, cuando una persona esta dispuesta a darle su confianza a otro es un momento importante porque no solo significa que cree en esa persona sino en que esta dispuesta a hacer cosas por ella.

La confianza es importante al momento de romper un corazón porque es a través de esta con la cual haremos el daño a la persona. Para esto es importante entender una ley fundamental del corazón:

La fuerza con la que se romperá el corazón de una persona es directamente proporcional al tamaño de la confianza que nos llegue a tener.

Es por eso que si lo que buscamos es romper el corazón de una persona tenemos que conseguir su confianza, entre más grande sea esta confianza más efectivo será el momento decisivo y final de esta guía.

No es fácil conseguir la confianza de una persona, es quizás el proceso más largo de toda la guía porque es algo progresivo que se consigue con el paso del tiempo, no es algo que se otorgue de un día para otro, en cambio es algo que de poco en poco se va a consiguiendo hasta que llega el punto que es del tamaño exacto que quisiéramos.

Es importante tener cuidado en esta etapa para no adelantarse a las cosas que puedan suceder, un error en este paso fundamental puede significar el fracaso de toda la ruptura de corazón porque la confianza es la base principal al momento de estar con otra persona, y es ahí donde se tiene que empezar para romper el corazón.

2 Hágale creer que es todo para usted

Una vez que se haya conseguido la confianza de la otra persona es importante hacerle ver a esa persona que es importante. Ya sea de una forma u otra tenemos que hacer que la persona se dé cuenta que nos interesa y que estamos dispuestos a estar con ellos y sacrificar muchas cosas solo por ellas.

Es importante poner atención en esta etapa porque es aquí donde se puede hacer creer a la otra persona que lo tiene donde quiere. Este paso es un poco más sencillo que el anterior, ya que este solo trata de fingir sentimientos que se puede o no tener (es recomendable lo segundo).

Cumplidos, frases bonitas; darle a entender a esa persona que se le quiere y que se esta dispuesto a hacer cosas por ella.

Existen frases típicas que cada quien puede usar en esta etapa del proceso; por no ser una guía para enamorar personas se evitaran estas, lo único que se puede decir es que en esta parte del proceso uno tiene que enamorar a la otra persona, una vez ganada la confianza será mucho más sencillo hacerle creer a la otra persona que lo es todo para usted, lo cual es de suma importancia para el paso siguiente de la guía.

ATENCIÓN: Es importante evitar tener sentimientos por la otra persona antes de entrar a este paso, porque en caso de que se sienta algo verdadero por la otra persona se puede quedar estancado en este paso y fracasar en el plan de romper el corazón.

3 Haga que lo necesite

Una vez que ya se esta con la persona, que se tiene la confianza y que cree que lo es todo para usted sigue un paso crucial y un tanto más complicado.

Este paso se puede considerar el más importante ya que este medirá al final del proceso si se esta listo para romper el corazón o si todavía se tiene que esperar un poco más tiempo.

El tercer paso consiste en hacer que la otra persona lo necesite; que después de haber estado un tiempo juntos la otra persona empiece a necesitar hablar con usted, saber de usted, estar con usted. Haga que se enamore de su voz, de su forma de ser.

Si se consigue hacer con la suficiente fuerza se crea una dependencia de la otra persona hacía usted, dependencia que hará que al momento final de todo el proceso será para la otra persona más difícil dejarlo ir, por lo que es importante poner atención en este paso.

Si se hace que la persona se acostumbre a verlo todos los días, a hablar con usted, al momento en el que se separe la otra persona sentirá esa fuerte necesidad de saber algo de usted, de verlo, de escucharlo, lo cual simplemente hará mucho más satisfactorio el hecho de haberle roto el corazón porque podrá vivir en carne propia el sufrimiento de la otra persona.

4 Hágale ver que lodo lo que le dijo e hizo era pura mentira

Este paso en realidad es un poco más al libre albedrío, cada quien podrá aplicarlo de la manera que quiera pero la idea tiene que ser la misma, es el momento en el que realmente se le rompe el corazón a la otra persona.

Existen varias formas de hacerlo.

Una de ellas es alejarse lentamente, empezar a fingir indiferencia, dejar de importarse por cosas que antes parecían llamarnos mucho la atención, dejar de hacer las cosas que sabemos que enamoraban a la otra persona, dejar de hablar poco a poco.

Otro es irse con otra persona, ¿qué mejor que romperle el corazón a la otra persona mientras se esta disfrutando con otra? Este tiene un punto especial, a parte de que se rompe el corazón de la otra persona y usted se queda con alguien más, esta forma genera enojo en la otra persona, porque esa persona sabe que usted esta disfrutando con la otra persona y que él esta ahí sufriendo por una persona que ya ni piensa en él.

Uno de los más efectivos es el de cortar la relación de golpe. Esto hace que la otra persona se desespere y empiece a dudar de el porqué de ese cambio de actitud. El corazón se romperá progresivamente, esto combinado con cierto coraje, desesperación e insistencia de la contra parte, quien hará todo lo necesario para hacerle ver que esta tomando la decisión equivocada.

Claro que cada quien puede tener su forma de resolver este último paso pero lo más importante es el alejarse de la otra persona, recuerde que no hay nada que odie más una persona que la indiferencia y la perdida de confianza, esta es la que hace que un corazón se rompa.


ATENCIÓN: Repita el proceso las veces que quiera o hasta que la otra persona recuerde que tiene dignidad y autoestima para irse.


Es fácil romper un corazón, hay personas que parece que tienen especialidad en esto; y hay otros que parece que tienen especialidad en que se los rompan. Usted decide cual de estos quiere ser, solo tiene que practicarlo constantemente. Un tip que les puede funcionar, traten de evitar sentimientos, dejen de pensar en esas cosas que solo quitan el tiempo y hace que las cosas sean más difíciles y menos divertidas.

En caso de que sienta que la otra persona esta por romperle el corazón, defiéndase, cree su barrera y prepárese para lo peor porque posiblemente es lo que va a llegar.

El año se acaba y empieza uno nuevo, con muchas promesas y propósitos. Algunos se cumplirán y otros no, pero lo más importante es que disfrutemos de él ya que nunca se sabe que pueda suceder mañana.

Pasen felices fiestas, disfruten del año nuevo y recuerden que aquí estaremos el año que entra cumpliremos nuestro 5 aniversario, nuestra entrada 100 y tal vez nuestros 50 mil visitantes.

Muchas gracias por un año más y nos seguimos leyendo.

sábado, 17 de diciembre de 2011

Llovía


Llovía, sí estoy seguro que llovía.

-¿Por qué me dices eso?

-Porque es importante que lo sepas, puedes terminar lastimado.

Tal vez no llovía, pero si era de noche.

Caminé hacia ella, traté de agarrarle la mano y se rio.

-¿De qué te ríes?

-De nada importante.-Sonrió y me dio un beso.

Ya recordé, era de noche, había llovido todo el día, las ventanas todavía tenían gotas de agua.

Odiaba que se portara así, como si nada hubiera pasado, como sí ese momento no fuera importante.

Se alejó y se sentó en un sillón, después soltó un suspiro.

-Hace rato que no limpias aquí ¿verdad?-Miraba con un poco de asco el sillón y después me sonrió.-¿Te acuerdas cuando vine por primera vez?

-Como olvidarlo.

-Esa noche estabas muy nervioso.

-Claro que lo estaba…

Se rio, me acerqué al sillón y me senté a su lado, ella se recostó en mis piernas.

Hacía frío, lo recuerdo porque el intermitente encendido y apagado de la calefacción era el único sonido de fondo.

-La verdad, yo no estaba muy segura de estar aquí.

-¿A qué te refieres?

-Sí, en ese momento no sabía muy bien si en realidad quería salir contigo.

-Pero terminaste aquí.

-Bueno de cierta manera sí, pero no estaba segura de si era lo correcto.

-Igual dijiste que me amabas.

-¡Oh no!, no lo hice.-Dijo ella levantándose y mirándome.

-Sí, lo hiciste, en este mismo sillón.

Ahora que recuerdo había música de fondo, a ella le encantaba poner música de fondo.

-Me acordaría de eso.

-Yo me acuerdo de eso, estábamos aquí sentados, te bese…

-No, yo te besé.

-¿Qué?

-Yo te besé,  tú nunca ibas a dar el primer paso. Yo tuve que acercarme a ti y casi darte el beso.

-Bueno, me besaste, después nos besamos, y cuando estábamos los dos acostados aquí dijiste que me 
amabas.

-¿Por qué habría dicho algo así?

-No lo se, ¿andabas peda?

-No.-dijo riéndose.

-¿Por qué estas tan segura?

-Porque…

-Porque…-dije esperando su respuesta.

-Porque no quería que la primera vez yo anduviera peda.

-Pero acabas de decir que no estabas segura de si querías conmigo.

-Bueno cambié de opinión.

-No puedes cambiar de opinión de algo del pasado.

Me miró, después levantó los hombros y se volvió a acostar en mis piernas.

-¿Será?-dije al cabo de un rato.

-¿Será qué?

-¿Será que enamore a la señorita Sofía?

-¿De que hablas?

-¡Vamos! Finges que no me quieres, te quitas cuando te voy a dar un beso, no me dejas agarrarte la mano, porque te gané.

-No es un concurso.

-No pero te gané.

-No puedes ganar nada si no estábamos concursando.

-Pero hice que te enamoraras, ¡hice que Sofía Rivera se enamorara de mí!

-No hiciste nada.

-¿Estas segura?

Me miró, había cierto toque de odio, como si eso fuera para ella un insulto más que cualquier otra cosa.

-Y con eso, no solo hice que dependieras de mí, lastimé tu orgullo.

-¿Quieres dejar de creer que lo sabes todo?

-¿No es así?

Se levantó, caminó a la ventana y… ¿estaba llorando? No recuerdo si estaba llorando. Miró por la ventana un rato, y después volteo.

-¿Qué quieres que te diga?

-La verdad nada, tu silencio habló mucho mejor de lo que tu has hecho en todo este tiempo.

Se mordió ligeramente un labio.

-Todo es temporal.

-Hay cosas que no lo son.

-¡Sí! ¡Lo son! ¡Todo en este mundo se acaba!

-¿Hasta lo que sientes?

-¡Quieres dejar de ser tan cursi! ¡Esas cosas del amor y todo eso! Son sólo fantasías, cosas que no existen pero que te hacen creer para que tengas la idea de que existe algo mejor.

No se en que momento empezó a gritar, mucho menos como terminé parado, me miró fijamente.

-¿Eso es lo que piensas? Que no vale la pena intentar algo.

-¿Para qué intentarlo? Se como va a terminar, así ha terminado todas las veces.

-¿A qué le tienes miedo?

-A que te alejes de mi, y que ya no te pueda tener.

-¿Y por eso prefieres perderme?

-No te estoy perdiendo.

-¿Estas segura?

Me miró, y por un momento vi en su mirada temor, o duda, o algo parecido a ese sentimiento en el que no quería perderme y quería estar conmigo.

-No quiero perderte.

Se acercó a mí, o tal vez yo me acerqué, el punto es que estaba en frente de ella.

-¿Entonces tenía razón? Le gane a la señorita Sofía Rivera.

-No te emociones tanto.

Dijo mientras me abrazaba y sonreía. La abracé.

No fue el mejor final de todos.


miércoles, 9 de noviembre de 2011

Dos cafés


-Dos cafés, uno de vainilla y el otro así solo, gracias.- El mesero tomó la orden y nos dejó solos.

-¿Entonces?

-¿Entonces qué? Ya sabes todo lo demás, se acabó el día y para la mañana siguiente no era más que una más en la lista.

-Pero entonces si pasó algo.

-Sí, pero eso no cuenta, fue como que algo que nomás pasó y no va a volver a pasar.

-Pero se quedó en tu casa.

-¿Y eso qué? Por favor no significa nada.

El lugar estaba un poco lleno, las voces de las otras conversaciones eran un buen fondo ambiental, junto con la canción que habían puesto. Afuera hacía frío, ese invierno en especial había sido más frío que los demás, pero la gente estaba acostumbrada a las bajas temperaturas por lo que no estábamos sufriendo mucho.

-¿Y qué piensas hacer?

-Nada, seguir adelante, dejar de darle vueltas al asunto y dejarla ir. No puedo quedarme estancado con alguien que se porta así.

-Te gusta.

-¿Qué?

-Te gusta, y mucho, solo que no quieres aceptarlo.

-Vamos, solo fue algo de una noche, curiosidad, puedes decir que solo fui un capricho para ella. Además, te tengo a ti. ¿Qué más puedo pedir?- le sonreí y los dos nos empezamos a reír.

El mesero nos sirvió los cafés y ella se levantó a preparar el suyo. Empecé a tomar del mío cuando vi que había dejado su celular en la mesa. Por azares del destino en ese momento le llego un mensaje. “Rodolfo te ha enviado un mensaje”. Lo mire y no pude evitar sentir un poco de celos, llevaba menos de un mes conociéndolo y ya se llevaban como si se conocieran de hace mucho, pero no me podía quejar de alguna manera así comenzó lo nuestro.

-Te vuelve a buscar tu tipo ese.-le dije cuando se volvió a sentar.

-Llevaba toda la semana sin saber de él.

-Es martes.

-Bueno pero llevaba mucho sin saber que había sido de él.-Agarró el celular y empezó a leer el mensaje.-Me invitó a cenar.

-¿Irás?

-Claro, ¿porque no?-dijo mientras empezaba a contestar el mensaje. No pude evitar hacer un sonido, me molestaba la idea de que ella saliera con él.- ¿Te molesta?

-No, es solo que…

-Es solo ¿qué?-dijo mientras empezaba a sonreír.- No te estarás empezando a poner celoso ¿o sí?

-Un poco.

-¡Jorge! No salgas con eso, desde que empezamos dijimos que nada de celos.

-Pues ¿Qué quieres que haga? Es inevitable.

-¡Ah sí! Pero tú sales con la tipa esa y se queda a dormir en tu casa y yo no puedo decir nada.

-Ya, ya relájate. Sólo te llevas tan bien con él. Así nos llevábamos tú y yo.

-Llevábamos.

-¿Por qué no podemos seguir siendo así?

-Porque ya pasó.

-No pasó.

-Bueno, ya pasamos esa etapa, ahora sólo.

-Ahora sólo somos el plato de segunda mesa del otro.

-No lo digas así, suena…suena feo.

-Pero así es ¿no?

-No exactamente, hay muchas veces que salimos juntos.

-Sí pero de qué sirve si al día siguiente sales con este tipo.

-Y tú con cualquier chava que te haga ojos bonitos en la escuela.

-¡Ay, ay! Ni que fuera un mujeriego o algo así.

-No lo eres, pero bien que intentas.

-Claro que no, solo me llevo muy bien con las personas.

-Ya como quieras.

Tomé de mi café, ella estaba un poco molesta tenía la mirada perdida en la ventana, sabía que ese “Ya como quieras” en realidad significaba mucho más, pero no quería decirlo.

-No es para tanto, ve con él y pásatela bien.

-Ya no voy a salir con él.

-¿Por qué?

-Porque te molesta, no quiero hacer cosas que te molestan.

-¿En serio? ¿Y desde cuando piensas tanto en mí?

-Desde que empezamos esto, sino recuerdas.

-¿Qué empezamos? Nunca empezamos nada, las cosas solo se dieron y ya.

-Pero se dieron bien.

-Sí, pero eso no significa nada.

-Claro que sí, significa que hay algo.

-Pero no estamos dispuestos a estar juntos.

-¿Ah no?

La miré, ahora si me miraba a los ojos, había algo diferente en su mirada, sus ojos brillaban como si estuvieran a punto de llorar. Llevábamos varios meses saliendo, y las cosas sólo se habían dado, no estábamos seguros de si podíamos estar juntos pero aun así lo habíamos intentado.

-¿Qué quiere decir eso?

-Nada, es sólo que, a veces me gustaría estar contigo bien.

-Pero estamos bien.

-No ese tipo de bien. Me refiero a estar. Despertar y saber que en tu casa tú despiertas y piensas en mí así como yo en ti. Ir a la escuela sabiendo que si estas sentado en una mesa haciendo tarea puedo llegar, abrazarte y darte un beso sin que nos vea alguna de las chavas que te gustan. Poder ir juntos a cualquier parte, salir como dos personas que están juntos. Quedarme en tu casa a ver películas y poder quedarme a dormir.

-¡Vaya! Eso que dices suena tan…tan…tan cursi Daniela, por favor.

-Yo sé que es cursi, pero a veces me gustaría.


-¿Para qué? ¿Para que puedas ponerlo en Facebook y que tus amigas le pongan “me gusta” y te pongan cosas como “Se ven bien lindos juntos”, “que padre amiga” o esas cosas tontas que se ponen? ¿Para que puedas decir frases que incluyan “Mi novio”? No Daniela, por favor no hay que poner etiquetas o formalizar nada.

-No estoy diciendo que le pongamos etiquetas, solo compromiso.

-¿Compromiso? Por favor has salido con cinco tipos diferentes en lo que llevamos saliendo, y esos son los que me he enterado.

-¿Y tú?

-¿Yo que? La chava de ayer fue una, y antes de ella no hubo otra. Rechacé dos veces a la chava que más me gustaba todo porque estaba contigo. Le dejé de hablar a mi ex novia porque ya estaba contigo. ¿Quieres algo más?

Soltó una pequeña lágrima que rápidamente se limpió con la manga de su chamarra.

-Quiero estar contigo.

-Eso ya lo tienes.

-No entiendes, quiero estar contigo.

-Si entiendo, pero es algo que no estamos listos para hacer.

-¿Por qué no?

-No sé, simplemente no estamos listos.

Le agarre la mano y le sonreí, ella sujeto mi mano fuerte y también sonrió.

-Se me enfrió el café.-Dijo riéndose un poco.

-A mí también.-levanté la mano para pedir la cuenta.-Vámonos.

-¿Qué vamos a hacer?

-Supongo que estar juntos, ¿no?


viernes, 30 de septiembre de 2011

Un café


No podía recordarlo con facilidad, era como si simplemente no hubiera pasado, como si fuera el recuerdo de otra persona y él solo lo estuviera tratando de recordar. Se sentía tan lejano e irreal que el solo hecho de tratar de traerlo al presente parecía un proceso complicado. Recordaba escenas fugaces, una noche, una historia, una pelea, pero nada concreto.

Miró su vaso, no había tomado mucho de su café, aún se sentía caliente el vaso y lo sujetaba fuerte con una mano. Tenía la mirada fija en la puerta y veía como a través del vidrio seguía cayendo nieve en la calle. El cielo seguía siendo gris hasta donde le alcanzara la vista y el frio podía verse desde su lugar. El reloj marcaba cinco para las seis, después de verlo se acercó el café a los labios.

Se esforzó un poco más para recordar, pero le parecía algo imposible. La recordaba a ella, de eso si estaba seguro. Sus dientes blancos, su sonrisa contagiosa, sus labios rosas, su nariz pequeña, y sobre todo los puntos que alrededor de sus mejillas formaban unas pequeñas pecas. Recordaba sus ojos, grandes, atentos a todo lo que sucedía cerca de ella. Recordaba haber estado con ella en algún momento perdido entre los años de preparatoria. En su mente existía la idea de que llegó a ser una persona importante y que por azares del destino habían estado juntos.

Recordaba el antes de todo eso. Los años de secundaria, de preparatoria, las fiestas, los bailes. Recordaba el después, separaciones, decisiones, despedidas, graduación. Pero no podía recordar ese durante, no lograba llegar a su mente de ninguna manera.

Levantó la cabeza y vio el lugar vacío en frente de él, el reloj y por último la puerta. El local no era muy grande por dentro, había siete mesas colocadas de una manera casi estratégica. Dos de ellas estaban ocupadas, la primera por una pareja que discutía en voz baja para no llamar la atención, en la otra una mujer que tomaba café mientras leía un pequeño libro negro.

Pudo recordar la última vez que la vio. Claro que para ese entonces ya eran únicamente amigos, y ella ya había salido con otras personas, aunque él seguía aferrado a lo que en su tiempo fue. Era una noche de verano y estaban en una boda. Habían ido separados como era de esperarse, pero por alguna razón terminaron hablando toda la noche. Una conversación sin rencores, ni sentimientos encontrados; comentarios graciosos, burlas, risas y la promesa de volver a salir algún día.

Tuvieron que pasar dos años para que esa promesa se volviera realidad, y ahora él estaba sentado expectante a que ella cruzara aquella puerta.

Volvió a mirar el reloj, pasaban ya diez minutos de la hora que había dicho, se volvió a acercar el café a los labios y bebió un poco. Trato de recordar su primer beso con ella, aunque no lograba sentirlo como un recuerdo suyo tenía una vaga imagen de una historia, como si lo hubiera visto en una película o leído en alguna parte. No tenían mucho de estar saliendo, era un día de inicios de otoño o por lo menos algo así recordaba. Habían estado juntos todo el día pero no lo habían planeado de esa manera. Se conocían desde varios años atrás, pero hasta ese momento no se habían dado una oportunidad. Era de noche ya, y aunque no lo habían planeado se habían quedado solos.

Mientras iban en el carro él pensaba en besarla pero no encontraba el momento para hacerlo. Tampoco se sentía de cierta manera seguro de que podía hacer eso. Cuando llegaron a su casa ella tardo para despedirse. Se quedaron platicando en el carro de cualquier cosa, parecía que era la primera vez que salían solos. Él se bajó, le abrió la puerta y la acompaño hasta la puerta. Ella lo miro, se acercó, le dio las gracias y lo abrazó. Él la abrazó y al momento de separarse y despedirse la comisura del labio de ella rozó ligeramente la de él, ambos sintieron los labios del otro y se separaron sin estar seguros de si había sido un beso o no. Ella lo miro y se acercó un poco más, él hizo lo mismo y sin darse cuenta sus labios ya se habían encontrado. Esta vez estaban los dos seguros de que era un beso, su primer beso.

Miró su café, el sonido de la puerta lo hizo voltear, pero no era ella. Un señor de unos cuantos años entró y detrás de él la calle seguía vacía. El reloj marcaba ya 20 minutos más de la hora que habían acordado. Trató de mantener la calma y le dio otro trago a su café.

Tal vez se había precipitado mucho. Tenía dos años sin verla, quizás haber hablado bien con ella antes de invitarla, se dejó llevar por el momento. La había encontrado en una tienda, la coincidencia los llevó ahí. Cuando la vio no pudo evitar sonreír un poco, y ella hizo lo mismo.  Se saludaron y después de hablar un poco él la invitó a ir por un café el jueves. Ella aceptó y quedaron así, de una manera informal, sin darse números de teléfono, sin nada.

Siguió tratando de recordar algún otro momento con ella, venían a su mente algunas discusiones. No era común que discutieran, en realidad habían tenido que pasar varios meses para que tuvieran su primera discusión. De cierta manera siempre estaban de acuerdo en las mismas cosas, y cuando algo no parecía estar bien lo resolvían sin problemas. Pero un día simplemente no pudieron y empezaron a gritarse el uno al otro, el tema de la discusión no importaba, era la primera vez que se decían palabras de ese tipo el uno al otro. No paso a más pero el efecto de la primera discusión quedo durante un tiempo.

Miró la puerta y vio entrar a una pareja agarrados de la mano. Quizás su relación no había sido tan perfecta como él recordaba. En su mente vagaba una idea de haber tenido una de las relaciones más perfectas de su historia. Pero no estaba seguro si realmente había sido así o si eran simplemente una combinación de una relación real con escenas de comedias románticas, canciones e historias que había escuchado en alguna parte.  De cierta manera después de tanto años había perfeccionado los malos detalles de ese tiempo para convertirlos en lo que a él le gustaba recordar de vez en cuando, y esperar encontrar a alguien que lo hiciera sentir de la misma manera que ella.

Bebió otra vez de su café, estaba empezando a enfriarse. Dejó de ver el reloj y la puerta. Una pequeña idea de que tal vez no llegaría empezó a hacerlo sentirse un poco inquieto. Se habían prometido aquella salida y era su momento para demostrarle que todavía sentía algo por ella, que después de ese tiempo y de las personas con las que había estado ella seguía siendo la más importante.

Llegó a su mente el recuerdo de cuando ella se separó por primera vez de él. O más bien de cuando ella dejo de confiar en él, lo que significaría el fin de su relación. Habían pasado ya varios meses, ocho para ser exactos. Su relación, aunque había tenido sus altas y bajas, seguía siendo tan estable como siempre, las discusiones no eran tan frecuentes pero habían dejado de ser un momento desconocido para ambos.  A pesar de que a lo largo de la relación ambos seguían saliendo con amigos y amigas las cosas nunca se habían complicado hasta aquel día.

Era un viernes por la noche y él había salido con varios amigos. Conoció a una chica aquella noche y después de hablar con ella durante toda la fiesta se ofreció a llevarla a su casa. No estaba muy seguro de lo que había pasado pero al día siguiente ella parecía haberse enterado. Reaccionó de una manera muy tranquila pero eso no evitó que le pidiera dejar de salir.

Los primeros días después de eso él no podía creer lo que había pasado, pero después de unas semanas siguió su vida, así como había visto a ella hacerlo como si nunca hubiera pasado nada y como si en realidad nunca hubieran estado juntos.

Pasaron muchos meses hasta que se volvieron a ver, y aunque él seguía sintiendo algo por ella no pasaría nada, o por lo menos eso pensaba él. Por alguna extraña razón un día se quedaron solos, y sin darse cuenta se volvieron a besar. Pero después de haberse besado él notó cierto arrepentimiento en la expresión de ella. Esa no sería la última vez que llegará a pasar eso pero él sentía que realmente ella se arrepentía de que esas cosas pasaran.

Bebió de su café mientras veía por la ventana, la nieve ya había parado pero las calles seguían tapizadas de blanco. Por la calle se veía  a la gente abrigada caminar, se notaba claramente el humo de su aliento cada vez que exhalaban. Los carros pasaban por la calle con precaución, aunque ese era el tercer año consecutivo que nevaba la gente seguía sin estar acostumbrada a manejar en la nieve.

Al final de ese año fue la última vez que estarían juntos como pareja y después de eso cada quien saldría con diferentes personas. Estaban seguros de que no podían seguir juntos, ella simplemente no confiaba en él. La relación había dejado de ser lo que era y simplemente era una sombra de lo que un tiempo fue. Después de haber estado juntos ocho meses y saliendo un mes se separaron de una manera casi definitiva.

Pasó un año hasta que se volverían a ver pero esta vez ya sin rencores, sin ideas de estar juntos otra vez. En esa boda sería la última vez que la vería, y seguía sin estar seguro de si realmente sentía algo por ella.

Dio un trago a su café y soltó un suspiro. Aquellos recuerdos le hacían entrar en cierto estado de melancolía, o tal vez había sido el café. Pero sentía un extraño vacío en el estómago.  

Habían pasado dos años después de eso y su vida se había normalizado de cierta manera. En todo ese tiempo había sabido muy poco de ella, chismes que de vez en cuando le decían pero no estaba muy seguro de si eran ciertos o no. De cualquier manera había perdido gran importancia en su vida. De vez en cuando recordaba algo de aquella relación pero conforme pasó el tiempo esos recuerdos se volvían imágenes combinadas.

Ese día que la vio en la tienda parecía tan diferente, en algún momento pensó que ella se había emocionado igual que él por verlo, pero fue simplemente una idea que él mismo creo, parecía feliz sin duda, pero feliz por encontrarse con alguna vieja amistad, era como si hubiera olvidado lo que había pasado, como si ese tiempo juntos en realidad no hubiera pasado ni importado.

Dio un último trago a su café, miro por la ventana y vio la calle vacía. Agarro sus cosas de la mesa, tiró el café a la basura y abrió la puerta. Afuera hacía mucho frio y aunque el reloj marcaba las 6 con 53 minutos el salió con una gran sonrisa pintada en su rostro.